LUMEN VIDENS NÚMERO 1. | Page 53

51 programa que la madre Greyfié trazó a su santa hija, y del cual ésta hizo ciertamente su regla de conducta. “He sentido, le decía aquella el 3 de Marzo de 1685134, dulce alegría por el deseo que Nuestro Señor da a vuestra alma de no pensar más que en amar mucho a la soberana Bondad sin preocuparos de ninguna otra cosa, recibiéndolo todo con amor, en el amor y por el amor de su santa voluntad y Providencia. Decís bien; hay que amar al Dador, y par dedicarse a este santo amor no hay que reparar si os da o no so da, si lo que pasa en vos viene de su parte o no. En fin, hija mía, si os consagráis toda al amor de Nuestro Divino Maestro, puedo deciros, sin comparación, lo que dijo a Santa Magdalena: “Habéis elegido la mejor parte; espero que jamás os será quitada.” Mientras estamos en esta vida de miserias, tenemos la dicha de poder crecer en este amor; en la eternidad no poseeremos de amor sino lo que hayamos adquirido en este mundo. Es la perla preciosa del Evangelio; hemos de cederlo todo para adquirirla; es de precio inestimable; pero, a pesar de eso, todos tienen con qué adquirirla, dando todo lo que tienen por este bien sin igual.” En otra carta le decía135 la madre Greyfié en 1685;: “Es gran bien poder trabajar en esta vida en el acrecentamiento del divino amor, y gran misericordia de Dios que se pueda ejecutar este trabajo a pesar de nuestra miseria. La mía es tan grande que me llenaría de tedio, si no supiera que este mismo tedio y las penas que trae consigo, son provechosas para el progreso del puro amor, esto basta para aceptar humildemente lo que el Señor nos envíe. “Sufrir suavemente, callarse pacientemente y cumplir nuestro deber fielmente, es la ciencia de los santos; la que deben estudiar los imperfectos, como nosotros, hasta la muerte. Creo que nunca pasaréis ni obraréis mejor que cuando lleguéis aquí , por medio del olvido de vos misma y de vuestros intereses, abandonándoos a los cuidados de la obediencia y de la celeste Providencia, sufriendo, callando, obrando como Él lo quiera, sin cuidaros de lo que pueda ocurrir, Nos debe bastar que la santa Providencia y la verdadera obediencia sepan perfectamente los caminos para hacernos llegar al puerto seguro del amor puro y perfecto, de que nos quiere colmar la santísima voluntad de Dios. 134 135 Vida por las contemporáneas, volumen I, pág. 203. Volumen 1, pág.205