LUMEN VIDENS NÚMERO 1. | Page 52

50 IV VIII En el banquete divino Yo a mi Rey toda me di el amor es dulce vino. y Él es todo para mí. Oh, qué suerte afortunada Ese Corazón ansía vivir el alma embriagada traerme a Sí noche y día. en tan precioso licor Yo le seré siempre fiel que nos regala el Señor ¡Oh qué dicha estar en Él.! 11. El amor al Sagrado Corazón debe ser insaciable y progresar sin interrupción Aunque nuestra capacidad natural de amar sea finita y limitada, no obstante, cuanto mayores esfuerzos hagamos para amar a Dios, más aumenta la gracia en nosotros esta capacidad de amar; de manera que, si no nos es posible llegar a un amor infinito, por lo menos podemos aumentar continuamente nuestro amor para con Dios. Por eso no quiere la Beata Margarita-María que señalemos límites a nuestro amor para con el Corazón de Jesús. “No tenemos que lisonjearnos, escribía a varias de sus hermanas 133 ; trabajemos todo lo más que podamos en nuestra perfección y adelanto en el santo amor del Corazón de Jesús, conforme los deseos y luces que este divino Corazón nos dé, porque Dios lo quiere así de nosotras. El Señor nos ama y quisiera vernos adelantar más y más y a grandes pasos en las sendas de su puro amor. Es menester, por consiguiente, que nuestro camino progrese y crezca como la luz del día; si no lo hacemos, nos ha de pedir cuenta de las gracias que hubiéramos recibido, de haber sido fieles. Ya sabemos lo bastante. ¡Oh mis queridas hermanas! Os deseo ver completamente inflamadas en el amor de este amable Corazón.” Para comprender la atenta solicitud de la Beata en dar a su amor toda la plenitud de perfección que el Sagrado Corazón esperaba, basta leer el 133 Avisos 10 y 47, pág. 429. – Carta 65 pág. 124. – Carta 72, pág. 137.