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IV
VIII
En el banquete divino
Yo a mi Rey toda me di
el amor es dulce vino.
y Él es todo para mí.
Oh, qué suerte afortunada
Ese Corazón ansía
vivir el alma embriagada
traerme a Sí noche y día.
en tan precioso licor
Yo le seré siempre fiel
que nos regala el Señor
¡Oh qué dicha estar en Él.!
11. El amor al Sagrado Corazón debe ser insaciable y progresar sin
interrupción
Aunque nuestra capacidad natural de amar sea finita y limitada, no
obstante, cuanto mayores esfuerzos hagamos para amar a Dios, más aumenta
la gracia en nosotros esta capacidad de amar; de manera que, si no nos es
posible llegar a un amor infinito, por lo menos podemos aumentar
continuamente nuestro amor para con Dios. Por eso no quiere la Beata
Margarita-María que señalemos límites a nuestro amor para con el Corazón de
Jesús.
“No tenemos que lisonjearnos, escribía a varias de sus hermanas 133 ;
trabajemos todo lo más que podamos en nuestra perfección y adelanto en el
santo amor del Corazón de Jesús, conforme los deseos y luces que este divino
Corazón nos dé, porque Dios lo quiere así de nosotras. El Señor nos ama y quisiera
vernos adelantar más y más y a grandes pasos en las sendas de su puro amor. Es
menester, por consiguiente, que nuestro camino progrese y crezca como la luz
del día; si no lo hacemos, nos ha de pedir cuenta de las gracias que hubiéramos
recibido, de haber sido fieles. Ya sabemos lo bastante. ¡Oh mis queridas
hermanas! Os deseo ver completamente inflamadas en el amor de este amable
Corazón.”
Para comprender la atenta solicitud de la Beata en dar a su amor toda la
plenitud de perfección que el Sagrado Corazón esperaba, basta leer el
133
Avisos 10 y 47, pág. 429. – Carta 65 pág. 124. – Carta 72, pág. 137.