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ardor en los corazones que encuentra bien dispuestos. ¡Que para siempre nos
abrasemos!
“Seamos, pues, completamente del Amado de nuestras almas128 decía a
las novicias. Démosle todo nuestro corazón, nuestro amor, nuestros afectos,
inclinaciones y ternezas. En Él es donde os amo y os deseo el puro amor del
Sagrado Corazón, a Quien suplico que os consuma con sus más vivos ardores.”
“¿Por qué no nos abrasamos con el fuego divino que vino a traer a la
tierra?129 , decía a la M. de Soudeilles y a la M. de Saumaise. ¡Oh mis queridas
Madres! ¡Cuán ardientemente deseo estéis abismadas en el Sagrado Corazón
de Jesucristo, fuente del puro amor, para nunca cesar de amarle con toda la
capacidad de nuestros corazones!
¡Sí! Debemos amarle con tanto ardor que nuestros corazones estén siempre
ardiendo, hasta ser consumidos del todo en las llamas de este puro amor, y
transformados en Él para no ser sino una misma cosa con Él .
Ruego al Corazón Sagrado de Nuestro buen Maestro que consuma
nuestros corazones en los ardores de las más vivas y puras llamas de su santo
amor130, no solamente en el tiempo sino por toda la eternidad, a fin de que no
vivan ni respiren más que para amar, honrar y glorificar a este amable corazón.
Amen eternamente.”
Encontrando la apóstol del Sagrado Corazón que el lenguaje ordinario era
impotente para expresar los ardores que devoraban su alma, y en los cuales
deseaba abrasar al mundo, procuraba algunas veces desahogarlo en estrofas
inflamadas de amor, donde se admira la magnificencia de la verdadera poesía,
aunque las reglas prosódicas dejen bastante que desear131:
128
Aviso 63, pág. 457
Carta 20, a la M. de Saumaise, pág. 40. – Carta 29, a la M. de Soudeilles, pág. 60. – Carta 26 a la M. de
Saumaise, pág. 49. – Carta 30 a la M. de Soudeilles, pág. 51. – Carta 106, pág. 223.
130
Carta 28, a la M. de Saumaise, pág. 56. – Carta 70, a la M. de Soudeilles, pág. 131.
129
131
Volumen II, pág. 513.