LUMEN VIDENS NÚMERO 1. | Page 50

48 ardor en los corazones que encuentra bien dispuestos. ¡Que para siempre nos abrasemos! “Seamos, pues, completamente del Amado de nuestras almas128 decía a las novicias. Démosle todo nuestro corazón, nuestro amor, nuestros afectos, inclinaciones y ternezas. En Él es donde os amo y os deseo el puro amor del Sagrado Corazón, a Quien suplico que os consuma con sus más vivos ardores.” “¿Por qué no nos abrasamos con el fuego divino que vino a traer a la tierra?129 , decía a la M. de Soudeilles y a la M. de Saumaise. ¡Oh mis queridas Madres! ¡Cuán ardientemente deseo estéis abismadas en el Sagrado Corazón de Jesucristo, fuente del puro amor, para nunca cesar de amarle con toda la capacidad de nuestros corazones! ¡Sí! Debemos amarle con tanto ardor que nuestros corazones estén siempre ardiendo, hasta ser consumidos del todo en las llamas de este puro amor, y transformados en Él para no ser sino una misma cosa con Él . Ruego al Corazón Sagrado de Nuestro buen Maestro que consuma nuestros corazones en los ardores de las más vivas y puras llamas de su santo amor130, no solamente en el tiempo sino por toda la eternidad, a fin de que no vivan ni respiren más que para amar, honrar y glorificar a este amable corazón. Amen eternamente.” Encontrando la apóstol del Sagrado Corazón que el lenguaje ordinario era impotente para expresar los ardores que devoraban su alma, y en los cuales deseaba abrasar al mundo, procuraba algunas veces desahogarlo en estrofas inflamadas de amor, donde se admira la magnificencia de la verdadera poesía, aunque las reglas prosódicas dejen bastante que desear131: 128 Aviso 63, pág. 457 Carta 20, a la M. de Saumaise, pág. 40. – Carta 29, a la M. de Soudeilles, pág. 60. – Carta 26 a la M. de Saumaise, pág. 49. – Carta 30 a la M. de Soudeilles, pág. 51. – Carta 106, pág. 223. 130 Carta 28, a la M. de Saumaise, pág. 56. – Carta 70, a la M. de Soudeilles, pág. 131. 129 131 Volumen II, pág. 513.