LUMEN VIDENS NÚMERO 1. | Seite 49

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Hemos de consumirnos enteramente en este horno ardiente del Sagrado Corazón de nuestro amable Maestro 121
“ Entreguemos nuestros corazones a los ardores del puro amor 122
“ Démoslo todo a este amor 123 a fin de que nos consuma y nos purifique con sus más vivos ardores y establecerá su imperio y reinará a pesar de todos sus enemigos y sus oposiciones. ¡ Que eternamente nos abrasemos en la ardiente hoguera de este divino Corazón! No debemos respirar más que llamas.
“ Pero, en fin 124 ¿ no estamos todavía consumidos en los ardores de este divino Corazón de nuestro adorable Salvador, después de haber recibido tantas gracias, que son como otras tantas ardientes llamas de su puro amor, el cual debe abrasarnos sin cesar por el deseo de un perfecto agradecimiento y fiel correspondencia de sus designios?
“ El puro amor rechaza al tibio 125 y no se concede más que al fervoroso en caridad. Ampliemos la práctica de esta virtud según las aspiraciones que este divino Corazón dé a cada uno en particular.
“ Pidamos al amable Corazón de nuestro buen Maestro que consuma nuestro maldito amor propio en el fuego sagrado que vino a traer a la tierra, a fin de que este fuego arda sin cesar en los corazones de buena voluntad 126
“ Por último 127, es preciso, pues, que nuestros corazones se consuman sin remisión en la ardiente fragua del Sagrado Corazón de nuestro amado Jesús, puesto que no pudiendo contener sus llamas en Sí mismo, las lanza con grande
121
Carta 34, a la M. Greyfié
122
Carta 22.
123
Carta 107 a la M. Dubuysson, pág. 225. – Aviso 40.
124
Carta 98 a la M. de Saumaisem pág. 198
125
Aviso 1 º. – Desafío 52, pág. 439.
126
Carta 92, a la hermana de la Barge, pág. 186
127
Carta 4, al P. Croiset, 3 de Noviembre de 1686, pág 134.