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nuestro corazón, no podremos jamás amar verdaderamente a Nuestro Señor
como Él nos ama.”
El fuego que consume madera verde es necesariamente débil y lento; lo
mismo sucede con nuestro amor; lo mismo sucede con el amor a Dios que existe
en un corazón lleno de afectos terrestres; le falta la fuerza, porque está privado
de una de las principales cualidades del verdadero fuego: el ardor.
9 l amor al Sagrado Corazón debe ser ardiente.
La Beata es inagotable cuando habla del ardor que debe tener nuestro
amor para con el Corazón de Jesús; se ve que “su boca habla de la abundancia
del corazón”117
Efectivamente leemos en el Breve de Beatificación de la sierva de Dios 118,
cuando de edad de nueve años hizo su primera comunión , bajo la acción de
este alimento celestial sintió encenderse en su corazón tal llama de amor, que
este fuego divino parecía brotas de su boca y de sus ojos”. Este incendio fue
creciendo sin cesar.
Admiremos algunos de estos rasgos de fuego:
“¿Qué diré de nuestro amable y siempre adorable Corazón de Jesús119.
Deseo que el fuego sagrado consuma nuestros corazones sin obstáculo y haga
de ellos tronos dignos de su santo amor.
“Debemos amar ardientemente a este Sagrado Corazón120 ¿Será posible
que no queramos amarle con todas nuestras fuerzas y potencias?
117
San Mateo, XII, 34
Volumen I de las obras de la Beata, pág. 581
119
Carta 2. - Carta 83 a la M. de Saumaise. – Carta 108 a la hermana de la Barge, pág. 228.
120
Aviso 40, pçag. 420
118