LUMEN VIDENS NÚMERO 1. | Page 47

45 crucificado, correspondamos fielmente a los planes que tiene de santificarnos. Seamos, pues, para siempre todos suyos y dejémonos abrasar y consumir de sus más puras llamas, por las cuales le suplico nos transforme completamente en Él.” El amor al Corazón divino, al exigir amor a la Cruz, supone otra cualidad: la fortaleza. 8 El amor al Sagrado Corazón de Jesús debe ser fuerte y vencedor “Es preciso que el amor divino sea amor fuerte114, decía también la Beata; es menester que entregue nuestros deseos a la gracia y que triunfe de nuestro corazón y de todos los respetos humanos.” “Tomemos por divisa: El amor me ha vencido; Él sólo poseerá mi corazón.” Escribía a algunas de sus hermanas con ocasión de Pascuas 115 “¡Que Jesucristo resucitado sea para siempre vencedor! Desearé que triunfe tan perfectamente de nuestros corazones que no puedan desviarse de sus santas leyes ni tampoco del deber de sus verdaderas esposas, cuya cualidad tenemos la dicha de poseer.” El R.P. Bourguignet, religioso de la Compañía de Jesús, preguntando un día a la Beata por qué nuestro amor no es tan fuerte para con Dios como el de Dios para con nosotros, recibió esta respuesta, digna de nuestras más serias meditaciones116: “Padre mío, yo creo que es que nuestro amor no es verdadero respecto a Dios, así como el de Dios sí que lo es respecto a nosotros; está demasiado mezclado con cosas de la tierra porque, mientras haya alguna cosa que ocupe 114 Aviso 6, pág. 377. – Aviso 11. Carta 119 a una Ursulina, pág. 253. – Carta 120, a la M. de Saumaise 116 Vida por las contemporáneas, pág. 189 115