LUMEN VIDENS NÚMERO 1. | Page 30

28 El desprendimiento debe extenderse todavía más allá; para que sea perfecto debe traspasar los límites de este mundo y practicarse, pero con cierta medida, en cuanto a los mismos bienes eternos. 1. El amor del Sagrado Corazón pide el desprendimiento de los dones de gloria, y el contentarse con ocupar en el cielo el lugar que Dios nos haya destinado. La Beata Margarita-María llevó este espíritu de desprendimiento al grado más perfecto que se puede alcanzar. “No sé si me engaño, decía un día; pero me parece que mi mayor placer sería amar a mi amable Salvador con amor tan abrasado como el de los serafines; y no me disgustaría, me parece, que fuera en el mismo infierno donde le amara de esta suerte. Este pensamiento que tengo de que hay un lugar en el mundo donde por toda la eternidad infinito número de almas rescatadas con la sangre preciosa de Jesucristo, no han de amar a este amable Redentor; este pensamiento, digo, me aflige algunas veces hasta el exceso. Yo quisiera, ¡oh mi divino Salvador!, si esa fuera vuestra voluntad, sufrir todos los tormentos del infierno, con tal que os amase allí tanto como hubieran podido amaros en el cielo todos los desgraciados que sufrirán siempre y no os amarán jamás58. Pues qué, ¿es razonable que haya un lugar en el mundo donde durante la eternidad Jesucristo no sea amado?”59 2. El amor al Sagrado Corazón debe ser humilde y anonadado. Sobre la humildad, dice la Beata: “El Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo quiere ante todo que seamos humildes de corazón60. Quiere que nos tengamos en poco y miremos como pequeños con el fin de que crezcamos ante Él. Quiere que seamos sordos a los razonamientos del amor propio, porque éste sirve de gran obstáculo al puro amor.” 58 Carta 128, pág. 280. – Vida por las contemporáneas, pag. 164. Véase el tomo V del Reinado, libro I, segunda parte, cap. III. 60 Avisos 1 y 43 – Desafío 52 59