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amor de Sí mismo. No queriendo ni deseando sino a Él solo; jamás me he
apegado a sus dones por grandes que fuesen, respecto a mí. El Dador vale más
que todos sus dones, y mi corazón no puede amar más que a este divino Maestro,
ni apegarse más que a Él mismo. Todo lo demás es nada, y muy a menudo sólo
sirve para impedir la pureza del amor y hacer un hueco entre el alma y su Amado,
que quiere ser amado sin mezcla ni interés. No estimo sus dones sino en Él mismo
y porque vienen de Él; en ellos me fijo lo menos que puedo, procurando olvidarlo
todo para no acordarme más que de Él, fuera del cual todo lo demás lo tengo
por nada.”
“¡Ah qué grato es amar al Sagrado Corazón únicamente por amor de Él
mismo! 55 Amémosle sin gusto, sin placer ni sentimiento; en el dolor y el
desconsuelo, lo mismo que en el goce de los consuelos. De ninguna manera nos
apeguemos a las dulzuras espirituales, porque esto apenas dura, sino busquemos
a Dios por la fe y pensemos que no merece menos nuestro amor cuando nos
aflige que cuando nos consuela. Si nos da dulzuras, hemos de pensar que es para
disponernos a beber algunas gotas de su cáliz, por medio de la mortificación o
de otro modo.”
[Por lo que a mí se refiere]56, decía también a dos superioras de la Visitación,
mi más apremiante deseo es amar puramente a mi Soberano por Sí mismo. Así
creo que lo hacéis vosotras, mis queridas madres, y yo deseo hacerlo. Por este
amor que nos une en su adorable Corazón, pedidle esta gracia para mí. Mis
oraciones son ineficaces por mi poco amor a Dios. Pedidle por mí que me enseñe
a amarle con el perfecto olvido de mí misma, siguiendo el ardiente deseo que Él
me da y al que yo no correspondo.”
Esta falta que la sierva de Dios se echaba en cara por humildad estaba
absolutamente desprovista de fundamento. Innumerables son los ejemplos de
desprendimiento que da con motivo de los favores celestiales. Citaremos un solo
ejemplo. Habiendo sido admitida un viernes a descansar sobre el Corazón de
Jesús, como gozara de inefables consuelos, exclamó: “¡Oh Dios mío!. ¡Oh mi
Amor! Renuncio de buena voluntad a todos estos placeres extraordinarios, para
amaros, por amor de Vos mismo57.
55
Carta 15 a l M. de Saumaise, pág. 30.- Carta 118 a la hermana de la Barge, pág. 252.- Aviso 26.
....Carta 14 a la M. de Soudeilles, pág. 28.- Carta 22 a la M. de Saumaise, página 43.
57
Vida por las contemporáneas, pág. 57.
56