TRUCKS, ERAUN.
Después que las dos rayas de matafriki subieron por mi nariz, unas cosquillitas locas empezaron a inundarme las piernas. Y me miraba con los parpados caídos, imagino que estaría sintiendo las mismas cosquillitas que yo, se acercó y me besó en la boca. La luz de la calle entraba por la puerta de la casa y se perdía en la oscuridad de la habitación. Al cerrar la puerta, flotábamos y las cosas giraban dejando un rastro detrás, como si nuestros ojos fuesen una vieja cámara de video, que va grabando imágenes mientras gira colgada de un hilo. En la calle, el sol de las once hacía que las retinas sintieran deseos de salir corriendo, esconderse en la sombra y no dejarse atrapar hasta que el sol se ocultase. Como en los cuentos del llano en llamas, el vapor se levantaba como una nube pegajosa que se le metía a uno debajo de la caja toráxica. Y. abrazada de mí hablaba de la teoría del caos. Yo, solo pensaba en el calor y que si eso era así ahora, luego habría que encuerarse y andar encueros por la calle, con todo colgando al aire. Por suerte con eso de ir encuero por el mundo no tendría ningún problema. Me eché a reír y sentí pena por un socio del PRE, que la jebita lo había botado y se había encargado que todo el mundo supiese que se orinaba en los zapatos y a los que no sabían que era orinarse en los zapatos se los decía por lo claro. Ese la tiene chiquita, se orina en los zapatos. Entonces desee no andar por la calle sin ropa, no por mí. Sin dudas podía andar por el mundo encueros sin problema de ningún tipo y las mujeres me mirarían y vendrían a conversar conmigo pero el socio no y estaba mal que unos pudiesen y otros no. Íbamos por el medio de la calle sin apuro los pasos se hacían lentos y pesados como la respiración. Las voces de la gente lo mismo se escuchaban altas que bajitas, que los ruidos de los carros desaparecían y se quedaba la música flotando con los coge mi tubo mamita, coge mi tubo. En la terminal de ómnibus, la gente amontonada abordando una camioneta, simulaba un grupo de hormigas sobre un pedacito pequeño de pan que iban arrastrando hasta el hormiguero. Papi, ¿y ahora en que nos vamos para Guanajay?