Los omniscientes N°9, Marzo 2015 | страница 54

¡SAL FUERA!

-¡Sal fuera!-Escuchó la voz potente que le ordenaba abandonar aquella oscuridad. No quería, estaba tan cómodo y tranquilo sumido en aquella paz; pero aquel llamado lo descomponía completamente, forzaba sus músculos, lo sumía de nuevo a la esclavitud de la vida.

-¡Te lo ordeno!-otro grito más.

-¡No quiero maestro!-se atrevió a contestar-¡aquí estoy mejor!

Y el maestro lloró pues su querido amigo no le obedecía. Al escuchar el lloriqueo, Lázaro se conmovió y también comenzó a llorar. Ambos lloraban.

-¡Por favor! ¡Sal!-le ordenaba.

-¡No quiero! ¿Para qué salir? Mi tiempo ya se cumplió. No me obligues.

-¡Te lo ordeno!

-¡No!

Se escuchó un trueno, seguido de un resplandor intenso y la roca que tapaba la entrada se hizo pedazos.

-¡No, por favor! ¡No me hagas regresar allá!-suplicó Lázaro.

-Lo siento amigo, así está escrito. ¡Vamos, quítenle las vendas! ¡Que camine!

Los que estaban acompañando entraron apresurados y comenzaron a quitarle las mortajas a Lázaro, mientras éste se oponía entre gritos y pataleos.

-¡No! ¡No!-gritaba.

Al quitarle los vendajes, lo cargaron felices para llevarlo afuera. La luz del sol le dio en la cara y entonces lo decidió: a partir de ese momento buscaría la oportunidad de matar a aquel que lo había vuelto a la vida. Si, lo vendería por algunas monedas de plata.

PABLO JAVIER SALVATIERRA LEMUS

GUATEMALA, GUATEMALA