¡SAL FUERA!
-¡Sal fuera!-Escuchó la voz potente que le ordenaba abandonar aquella oscuridad. No quería, estaba tan cómodo y tranquilo sumido en aquella paz; pero aquel llamado lo descomponía completamente, forzaba sus músculos, lo sumía de nuevo a la esclavitud de la vida.
-¡Te lo ordeno!-otro grito más.
-¡No quiero maestro!-se atrevió a contestar-¡aquí estoy mejor!
Y el maestro lloró pues su querido amigo no le obedecía. Al escuchar el lloriqueo, Lázaro se conmovió y también comenzó a llorar. Ambos lloraban.
-¡Por favor! ¡Sal!-le ordenaba.
-¡No quiero! ¿Para qué salir? Mi tiempo ya se cumplió. No me obligues.
-¡Te lo ordeno!
-¡No!
Se escuchó un trueno, seguido de un resplandor intenso y la roca que tapaba la entrada se hizo pedazos.
-¡No, por favor! ¡No me hagas regresar allá!-suplicó Lázaro.
-Lo siento amigo, así está escrito. ¡Vamos, quítenle las vendas! ¡Que camine!
Los que estaban acompañando entraron apresurados y comenzaron a quitarle las mortajas a Lázaro, mientras éste se oponía entre gritos y pataleos.
-¡No! ¡No!-gritaba.
Al quitarle los vendajes, lo cargaron felices para llevarlo afuera. La luz del sol le dio en la cara y entonces lo decidió: a partir de ese momento buscaría la oportunidad de matar a aquel que lo había vuelto a la vida. Si, lo vendería por algunas monedas de plata.
PABLO JAVIER SALVATIERRA LEMUS
GUATEMALA, GUATEMALA