Los omniscientes N°9, Marzo 2015 | Page 34

qué no?, desnudémonos hasta los tobillos. Entremos el uno en el otro, enchufémonos y desenchufémonos. Sudemos con el roce y los gemidos, besémonos tiernamente al terminar y firmemos la paz con un “te amo”.

Pasemos al siguiente nivel: tiempo de calidad juntos. Estudiemos para los exámenes, hagamos las tareas, veamos películas de terror, salgamos a hacer deporte y paseemos nuestros perros. Enseñémonos a conducir, vamos a patinar en hielo y cocinemos al estilo Nick Stellino. Visitemos nuestras casas, conversemos con nuestras tías y presentemos nuestros padres. Ganémonos los cuñados, comprémonos las suegras y démonos regalos de navidad. Llamémonos todos los días, pasemos de los “te amo” a hablar de nuestras citas médicas, de nuestras broncas y problemas cotidianos. Hagamos de nuestra constancia un motivo para orgullecernos, matemos la magia de las manos juntas y los besos reprimidos, y sentémonos naturalmente en las piernas del otro cuando vayamos en bus.

Ahora hagámonos daño. Después del aburrimiento viene la tensión, el engaño y el y el olvido. Digámonos mentiras frecuentemente, dejémonos descubrir una que otra vez, enojémonos y pongámonos celosos. No nos contestemos las llamadas a propósito, plantémonos en las citas y corrámonos la cara. Mirémonos con fastidio cuando estemos aburridos y convirtamos las tardes de tertulia en silencios incómodos. Pidámonos un tiempo para hacer lo que queramos. ¿Seremos fieles o seremos infieles? Eso lo decidirá cada quien, lo que importa es volver, no se ha acabado todavía. Cuando regresemos tomémonos la mano y finjamos que todo es como antes, pero por dentro, desconfiemos el uno del otro como si se tratara de nuestro peor enemigo. Hagamos de nuestros momentos de placer algo menos que una conexión, no nos enchufemos, solo divirtámonos. Finjamos descaradamente el amor del principio sin regresar a esa etapa, después de lo vivido es imposible. Terminemos intermitentemente por un lapso de mínimo dos años, será suficiente tiempo para llamar “historia” al jueguito ese de te quiero-no te quiero al cual nos sometimos. Finalmente rompamos para siempre. Así habrá acabado nuestra relación ejemplar, la que vale la pena contar, la que nunca olvidaremos, la que nos hace reír y también llorar.