Que llenan de inspiración el rojizo corazón,
En tu coto vergel y el fino sonar de los grillos.
Junto al bamboleo de hojas marchitas caer,
Ante el destello indómito del cielo bajar,
Al verdusco alumbrar a la imagen que va atraer.
Te encantas con el encanto del largo vestido,
Y quizás de tu enagua al tacto del vivo frío,
Por alba y crepúsculo que tú hayas escogido.
Feminidad que vuela por curvas del presente,
Instando al abismo del amor del paladín,
Que resuena en silencio con latido prudente.
Gritan tu gracia los coloridos lirios del campo,
Las azucenas Solícitas a tu danzar de dama.
Pétalos que te claman de tu gran sutil encanto.
Brilla la inasequible estrella desde su lejanía,
De tu cáliz de lis bella que de ti se destella,
La musa tangible que en mente vive en letanía.
En inclemencia del tiempo y el fuerte viento,
Luces tu feminidad indubitada del cielo,
Que dio el alto Dios de su cristal cimiento.
Luces como luz tu enhebra y blonda cabellera,
Que se estrella a tu regazo recorrida en piel,
Tersa, como efímeras nubes en alta cordillera.
Cautivas el mirar de pupilas en tu figura,
De mente baldía de la lanza de tu belleza,
Que impacta con grandeza tu hermosura.
Que salten clarines, de timbales y ecos de liras,
En orbe de tu idílica imagen en tu pensar disímil,
Que a ti vuelen versos y los vientos con rimas.
Que cante el relojero con agudo de su cantar,
El brillo del colibrí reboleando sus son de alas,
De color escarlata ante ti, poesía te hará sonar.
Serás mi canto, mi verso y mi rima atinada,
La musa que mis brazos con fuerzas ciñen,
El cristal de manantial, el lis de enamorada.
Con firmeza luces tu belleza y sin derrumbe,
Del fiel corazón que a gritos a ti te nombra,
Y pletórico de amor enebro que por ti sucumbe.
Del palpitase de vida como la inédita alondra.
JOSÉ MANUEL DE QUINTERO ROJAS
Managua-Nicaragua C.A.
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