EL GOZO EN REFRESCANTE POZO
Eres la esbelta musa que engalana mi pozo,
Bajo el dúctil arco que cubre tu lapislázuli,
De tu aura y que de tu alma yace el gozo.
Frescura bajo radiante rayo en tu dulzura,
En áureo vergel en tu frescal orbe bajío,
De marchitas en navío caer en tu ternura.
Posas al viento.
Posas al sol del mediodía,
Posas al pozo pletórico de amores pútridos,
Posas con efusividad sin la vil melancolía.
Bajo el encandilado azulenco tu excelsa,
Y enaltecida que embellece tu blonda,
Cabellera idílica ante la sutil flora extensa.
Tu cáliz de rosa y tu fulgor de finos pétalos,
Exhiben como olas en va y ven del pleamar,
Frente al departir y de pensares intrépidos.
Florecerán las tilas aromáticas en tu jardín,
Y en el extenso verdor de tus campos florales,
Serás el fulgor del lis y del más bello festín.
Será la rosa en tu palma y que en ti se luzca,
Esparcir sus encantos sin ñisca de aromas,
Atinarás como una antigua y bella musa ñusta.
Pasea la liviana libélula con trémulas alas,
Que divaga en tórrido día del horizonte,
Con ritmo de sones y velocidad de balas.
Las cálidas nubes grises al cielo empañan,
Postradas ante tu táctil belleza verosímil,
Que ni a Mirón ni al más no vidente engañan.
El mar de tu designio en las pálidas tardes,
En alas de soledad y el brillar melancólico,
Inéditos sentimientos en que tu los guardes.
Para el día de entrega del infalible amor,
La llegada del día idílico y del amor profuso,
Realzará tu tesitura con alegría y candor.
El tiritar de tus labios ante el gélido sereno,
De tus tangibles Mejías ante oleaje matinal,
Darte ósculos a tus gemelos como estreno.
Del sereno que cargan el mirar de tus ojos,
Por la silenciosa y encantadora aurora,
Que ante ti implora de los viles despojos.
Sientes el sonar de rimas de aves cantoras,
De melodías sonoras en pozo inanimado,
Del bosque iluminado en tus sutiles horas
De melodías sonoras en pozo inanimado,
Del bosque iluminado en tus sutiles horas.
La mezcla del viento y rayos del sol saliente,
Del destello ardiente tu figura que excelsa,
Ante el designio de tu mirar y del sol poniente.
Te solibea en las elipses de la pesada soledad,
Del extenso abrigo de luz en tu orbe escarlata,
Radiante como la plata ante tú gran efusividad.
Del sereno estático entre el foliar de atadura,
Y en tu cántico silencioso en tu dulce posar,
Del inmóvil brocal que yace tu vistosa fortuna.
Oír el claro tiritar de silbidos idílicos de pajarillos,
Que llenan de inspiración el rojizo corazón,
En tu coto vergel y el fino sonar de los grillos.
Junto al bamboleo de hojas marchitas caer,
Ante el destello indómito del cielo bajar,
Al verdusco alumbrar a la imagen que va atraer.
Te encantas con el encanto del largo vestido,
Y quizás de tu enagua al tacto del vivo frío,
Por alba y crepúsculo que tú hayas escogido.
Feminidad que vuela por curvas del presente,
Instando al abismo del amor del paladín,
Que resuena en silencio con latido prudente.
Gritan tu gracia los coloridos lirios del campo,
Las azucenas Solícitas a tu danzar de dama.
Pétalos que te claman de tu gran sutil encanto.
Brilla la inasequible estrella desde su lejanía,
De tu cáliz de lis bella que de ti se destella,
La musa tangible que en mente vive en letanía.
En inclemencia del tiempo y el fuerte viento,
Luces tu feminidad indubitada del cielo,
Que dio el alto Dios de su cristal cimiento.
Luces como luz tu enhebra y blonda cabellera,
Que se estrella a tu regazo recorrida en piel,
Tersa, como efímeras nubes en alta cordillera.
Cautivas el mirar de pupilas en tu figura,
De mente baldía de la lanza de tu belleza,
Que impacta con grandeza tu hermosura.
Que salten clarines, de timbales y ecos de liras,
En orbe de tu idílica imagen en tu pensar disímil,
Que a ti vuelen versos y los vientos con rimas.
Que cante el relojero con agudo de su cantar,
El brillo del colibrí reboleando sus son de alas,
De color escarlata ante ti, poesía te hará sonar.
Serás mi canto, mi verso y mi rima atinada,
La musa que mis brazos con fuerzas ciñen,
El cristal de manantial, el lis de enamorada.
Con firmeza luces tu belleza y sin derrumbe,
Del fiel corazón que a gritos a ti te nombra,
Y pletórico de amor enebro que por ti sucumbe.
Del palpitase de vida como la inédita alondra.
JOSÉ MANUEL DE QUINTERO ROJAS
Managua-Nicaragua C.A.
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