hacia el elevador y subimos hasta el quinto nivel. Mientras subíamos ninguno de los dos habló. Finalmente, llegamos a mi departamento.
-Disculpa ¿tienes alguna pastilla que quite dolor de cabeza?-me preguntó, con rostro doliente –me acaba de comenzar a molestar y está muy fuerte.
-Espérame, buscaré…–y me dirigí hacia mi cuarto, pues allí guardo mi botiquín. Encontré varias aspirinas. Serví dos vasos de agua y le alcancé uno de ellos. Ella solo me vio pero no preguntó nada, pensó que yo tomaba aquella pastilla para que ella no lo hiciera sola. El dolor no mermó pero decidí ignorarlo.
Pasamos a la sala. Hablamos de todo y de nada. Callamos, reímos, pensamos, bromeamos. En cierto momento el silencio devoró nuestras palabras, no había sido porque nos hubiéramos aburrido uno del otro. No. Fue un silencio deseante. Ella se acercó a mí, y yo a ella. Fijé mis ojos en los suyos y ella también los fijó en los míos. Nos dejamos arrastrar por todas las esquinas de la casa. Sin embargo, aquel dolor seguía palpitando en mi cabeza.
Amaneció. Sin decir palabra alguna, se levantó, recogió su ropa y se vistió. Yo sentí su movimiento y me erguí apresuradamente. No nos dijimos ninguna palabra. Una vez vestida, se dirigió a la puerta y salió. Yo la seguí.
-¡Buenos días! –saludó el portero. Abrió la puerta amablemente para que pudiéramos salir. Primero salimos nosotros y atrás mi vecino junto a su esposa. ¡Sí! aquella pareja que habíamos visto tendida sobre el pavimento la noche anterior. No hubo tiempo para demostrar mi sorpresa, mi desconocida se alejaba rápidamente.
Afuera todo estaba quieto. Una densa capa de niebla cubría las calles. Me extrañó aquel paisaje. A lo lejos escuché la voz que ofrecía el periódico; lo compré.
“JOVEN PAREJA DE ESPOSOS FUE ASESINADA A TIROS EN EL CENTRO DE LA CIUDAD”, leí en la portada. El dolor de cabeza continuaba. Al llegar casi al final de la cuadra ella se volteó para despedirse de mí. Noté, por sus gestos, que el dolor de cabeza tampoco había desaparecido en ella. Nos despedimos de la manera más fría posible. Yo aún tenía el periódico en la mano; lo abrí para leerlo