Los omniscientes N°8, Febrero 2015 | Page 55

natural. Su deseo se canalizaba en aquellas palabras. Acepté. Nos levantamos de la mesa; tomó su abrigo del respaldo de la silla en la que se había sentado, yo cancelaba nuestras cuentas con el dueño del local.

Salimos. El aire tibio nos cacheteó con sus delicados dedos, devolviéndonos a la oscuridad de aquella noche. Oscuridad adentro y afuera-pensé-¡Vaya noche! Comenzamos a caminar. Íbamos ya sobre la segunda cuadra cuando, surgidos de la intemperie, escuchamos unos chasquidos secos seguidos de gritos y pasos apresurados. Pronto descubrimos el origen de toda aquella bulla: a la mitad de la segunda cuadra había dos cuerpos tirados. Parecía que ya llevaban mucho tiempo allí pues los oficiales estaban recabando ya las pruebas y los bomberos habían cubierto con una sábana blanca los cuerpos. Nos acercamos un poco más para ver tratar de reconocerlos y, casualmente, uno de los oficiales levantó la sabana los cubría por lo que pude contemplar los rostros de aquellos que habían dejado de ser. Me pareció reconocerlos, sus rostros me parecieron familiares… Al verlos detenidamente creí identificar un rostro: ¡mi vecino! Y seguramente, a la par de él, su esposa. ¡Sí! Eran ellos. Comencé a sumirme en la más profunda tristeza. No los conocía íntimamente pero en algún momento había intercambiado algunas palabras con ellos; formaban una pareja satisfecha, feliz con lo que la vida les había proveído y contentos de tenerse mutuamente. Una voz me sacó de estas reflexiones.

-¡Vámonos! – Al reanudar la marcha logré ver flashes y escuchar varios clics. Apresuramos el paso. En ese preciso momento comenzó a molestarme un fuerte dolor de cabeza pero decidí pasarlo por alto y disfrutar aquella noche con la desconocida.

¡Qué horror! Uno ya no puede caminar tranquilo por las calles.-exclamó, al tiempo que llegábamos a la puerta del edificio y el guardián abría para que ingresáramos. Nos dirigimos hacia el elevador y subimos hasta el quinto nivel. Mientras subíamos ninguno de los dos habló. Finalmente, llegamos a mi departamento