Fuera el frío sigue.
Ese que corta la respiración.
Ese que nos requema la cara a su solo contacto.
Ese que nos provoca pereza en el despertar y que en momentos de relajo evitamos.
Así, entre lucerío y cánticos, nuevos copos minúsculos se dejan sentir.
Brillos hermosos que producen como si de estrellas de otro mundo venir.
Suave y levemente, se posan en mi cara, y como si lágrimas fueran, empiezan a discurrir por mi rostro pálido y frío, para después llegar a su fin.
Ropas teñidas momentáneamente de blanco, se empapan con su humedad etérea, mientras van creciendo a cada momento, y esos copos diminutos se convierten en esferas.
Diámetros perfectamente definidos de belleza singular y peculiar.
Hermosas criaturas creadas para poderme a mi deleitar.
Las calles y parques se cubren de ella.
De esa nieve colosal y fastuosa.
Todo luce de un blanco inmaculado, creando poco a poco capas de espesa tersura.
Niños alborotados quieren jugar con ella.
Se reúnen en corrillo y la consideran.
Montoncitos hacen algunos, que hacia otros se esmeran en tirarles, como enemigos que de guerra fueran.
Se van vislumbrando muñecos con nariz y con chistera, que de nieve los han hecho, esos niños sin pereza.
Zanahorias por narices y bufandas placenteras, les colocan los niños alrededor de su cabeza.
Los contemplan orgullosos, pues su obra quedo hecha, como artistas de renombre cuando cierran sus carpetas.
Invierno en el campo o en la capital.
Que más dará el sitio...El invierno es igual.
No todo el invierno es Navidad.
Temporada para esquiadores que les gusta arriesgar, bajando por pendientes imposibles de imaginar.
Uniformados se preparan las herramientas de matar, al rasgar con sus bastones la nieve a su pasar.
Casas de madera o piedra se divisan al pasar, por carreteras angostas que nos llevan a disfrutar.
Chimeneas prominentes se alzan en sus tejados de pizarra, mientras el humo que desprenden lo impregna todo en su quemar, los troncos preparados desde hace días en el desván.
Cortados con maestría en el fuego arderán, llenando de colorido las estancias del lugar.
Olores a pueblo desprenderán, por sus poros esponjosos que en la estancia quedarán.