Me tienes de tu lado como siempre. No puedo descansar, he perdido la necesidad de dormir. Sé que algo ha pasado, algo muy preocupante. Como siempre. Algo espantoso. No te molestes pero debo quedarme solo para poner orden en mis ideas. Pronto despertaré de esta pesadilla. Ese es mi consuelo, vivo un sueño de espanto. Eso, un sueño de espanto. Está bien pero no mi iré más allá de la cocina. No quiero comer, quiero estar solo. Como tu quieras pero de aquí no me iré. He peleado con las autoridades y con el médico que te atendió para que no te llevaran… puedes volver a intentarlo. Es eso, claro. Un intento funesto. Pero un intento tiene alguna razón de ser. Alguna vez tiene que dejar de ser un intento, digo. Bueno. Ahora o después. No puedo pensar. Otra vez las campanadas. No puedo. Mi resistencia se ha quebrado. Nos mudaremos lejos de aquí, al campo. Es inútil, hay muchas iglesias que hacen sonar sus campanas. Es inútil. Ten confianza en mí, saldrás de esto con el tratamiento adecuado. Sólo saldré si me despierto y acabo con esta pesadilla. A lo mejor dentro de un rato me quitan el cerebro y me convierto en una planta. Sólo así. Eso estaría bueno: Una planta de jardín. ¡Bah¡ déjate de tonterías y trata de cerrar los ojos. No quiero ni puedo, y vete ya de aquí que me molestas puta de mierda, qué tu crees que me importa vivir. Déjame morir, mierda de puta. Si quieres hacer algo por mi… mátame. Ahora mismo siento los campanazos que me llaman. Es imposible, no hay tales campanazos. Yo los escucho acá adentro y me llaman desde la punta de ese bloque de apartamentos, mierda de puta. Vete y no te interpongas. No me tomes de la cintura,¡¡ Déjame ¡¡ Te daré un puñetazo si no te apartas…¡¡Puta!!
El enfermo yace sobre la cama del hospital con la piel mustia pegada a los huesos. Desde el fondo de las cuencas violáceas, los ojos de cristal opaco miran el techo húmedo y resquebrajado.