y no adopta precauciones. Eso es peligroso en estos tiempos. Se le dice hasta el cansancio que tome un taxi. No le interesa escuchar consejos. Adopta decisiones temerarias con naturalidad. Ella es así, libre y desafiante. Salió a la madre. Levanta la escopeta. Con lentitud la apoya en el hombro derecho. Ajusta con precaución las coordenadas de la mira. Gira levemente la cintura. La chica vive con su padre parapléjico, permanentemente custodiada. Buen chico Pablo, jaranero pero responsable. Un poco indeciso para su gusto y conservador a la hora de opinar. Come demasiado. La madre lo domina. Vieja bruja. Con ese pelo de alambre. Ambos trabajan, son jóvenes. ¿A qué esperar? El objetivo asoma la espalda. Se desplaza unos pasos tomada de la silla. La endereza. El desgraciado es un hombre mayor, pelo ralo y blanquecino. Probablemente la chica acostumbra disfrutar del primer soplo de la noche. Dos gorilas, ubicados en ambos extremos del gran balcón siguen sus movimientos con estolidez. La luna pálida parece una enorme hostia.. Acomoda al guiñapo, le seca la baba. Se acerca a la amplia balaustrada. Apoya ambos brazos. Reposa el mentón en el hueco de las manos. Contempla absorta el continuo movimiento de la calle, varios metros a sus pies. Hay recambio de espectros. Uno de los gorilas se le acerca y le habla. Ella lo despide con enfado. Por los gastos del casamiento no hay drama. Y tal vez el viaje de bodas. Mirando bien están perdiendo el tiempo. El índice rodea el gatillo. Vaya par de gandules…
La mujer se acuclilla a su lado. Le sonríe en forma cálida y natural. Él permanece con la mirada clavada en un punto preciso de la pared. Algo había sucedido. Algo grave. Ahora debes descansar y sacar de tu pensamiento esa idea atroz.