Los omniscientes N°3, Septiembre 2014 | страница 32

enseñes a besar” le dijo muy seguro Carlos a la adolescente. Ella con detenimiento lo observó de arriba para abajo y de izquierda a derecha, tomó el rostro del niño con sus manos y lo movía de un lugar a otro, luego de un riguroso análisis ya tenía clara su respuesta “Por ser tan lindo solo te pediré que me compres una chupeta roja” Carlos aceptó. Quedaron en verse a la tarde en uno de los salones olvidados del colegio, donde muchos aseguraban aparecía la llorona y fantasmas a llevar a los curiosos al más allá.

Al llegar la hora subió las escaleras del colegio y se fue acercando al lugar de la cita, miraba para los lados y seguía su andar. Cuando abrió la puerta ya Valentina lo esperaba sentada en la mesa de madera del profesor. “¿Trajiste lo que te dije?” preguntó ella esperando una respuesta positiva, él asintió con la cabeza y se la entregó de inmediato.

Ella le pidió que dejara los nervios, que los percibía sin que él lo notara. Lo invitó a que se acercara a su lado, “Yo no muerdo, ven para acá”. Sin darse cuenta, Carlos comenzó a contarle cosas de su vida, lo que le estaba ocurriendo y ella sin decir una palabra lo escuchaba, hasta que lo tomó de sus manos lo miró a los ojos y dijo sonriente “llegó la hora”.

El terror se apoderó de él, pero respiró hondo, recordó cómo se besaban los protagonistas en las telenovelas que veía junto a su madre y entendió que el primer paso era cerrar los ojos, cosas que hizo de inmediato. Abrió su boca y se acercó a Valentina quien introdujo su lengua y la movía de un lado a otro, era lo único que él sabía hacer, lo demás fue improvisación. Carlos quería devorarla, abrió su boca como un tiburón cuando encuentra a su presa y la llenó de saliva, ella se detuvo, paró el acto y dijo “La cosa es más grave de lo que imaginé”, él agachó la cabeza, estaba pálido, el sabor de la lengua de la joven no se le quitaba del paladar y luego de esas palabras se sentía más que humillado. Cuando se disponía a marchar ella lo atajó, abrió la chupeta y comenzó a chuparla, le pidió a él que hiciera lo mismo. “Así como chupas esa chupeta, harás lo mismo conmigo, imaginando que mi boca es ella”. Eso le parecía muy fácil a Carlos, ya en la segunda oportunidad hizo lo que dijo Valentina, y funcionó; luego se dejó llevar por ella, le gustaba tanto besar que no quería parar, se sentía orgulloso y creía que ya no era un niño, era un hombre de verdad.