Los omniscientes N°3, Septiembre 2014 | Page 33

disponía a marchar ella lo atajó, abrió la chupeta y comenzó a chuparla, le pidió a él que hiciera lo mismo. “Así como chupas esa chupeta, harás lo mismo conmigo, imaginando que mi boca es ella”. Eso le parecía muy fácil a Carlos, ya en la segunda oportunidad hizo lo que dijo Valentina, y funcionó; luego se dejó llevar por ella, le gustaba tanto besar que no quería parar, se sentía orgulloso y creía que ya no era un niño, era un hombre de verdad.

Cuando contó a sus amigos que ya había besado a una mujer todos celebraron en conjunto, se sentía parte del grupo, la aceptación social era muy importante para Carlos, quien creía que debía ir un paso adelante que sus amigos. Con los años Valentina fue su gran amiga, la mujer con quien compartía intimidad. Fue con ella que perdió su virginidad, su pañuelo de lágrimas cuando el despechó llegó a su vida, su primera mujer, su mejor amiga. A muchos años de lo ocurrido Carlos sigue frecuentando a Valentina, ambos están casados, pero no olvidan lo ocurrido, siempre que lo recuerdan la risa se apodera de ellos, cuando el niño que no sabía besar probó los labios de una mujer y creyó que era un adolescente de verdad.

David Rojo (Trujillo-Venezuela).