LOS OJOS DEL PERRO SIBERIANO los ojos del perro siberiano | Page 55

Tincho_1712 XXXVIII Los últimos días antes de morir, Ezequiel tenía momentos de lucidez y momentos de delirio. Podía estar hablando normalmente y de repente perder el hilo de la conversación. Estaba durmiendo cuando llegué a la habitación, la abuela aprovechó mi arribo para ir a tomar un café. Me senté al lado de la cama y le tomé la mano, mientras se la acariciaba se despertó. —¿Sabés? Yo te enseñé a caminar. —Sí, lo sé. —Vaya paradoja, yo te acompaño en tus primeros pasos, y vos me acompañás en los últimos... —No digas boludeces, Ezequiel. Sonrió. Cerró los ojos un rato, cuando los volvió a abrir me dijo: —He visto cosas que ustedes no creerían. Naves de ataque ardiendo sobre el hombro de Orion... Está delirando otra vez, pensé. Volvió a sonreír, me apretó la mano. Cerró los ojos y se quedó dormido. Nunca más los volvió a abrir.