LOS OJOS DEL PERRO SIBERIANO los ojos del perro siberiano | Page 23
Tincho_1712
Los abrí, los hojeé. En uno de ellos, no recuerdo en cuál, me encontré leyendo o
cantando o no sé: "Mírenme soy feliz/ entre las hojas que caen/ cuando atraviesa el
jardín/el viento en monopatín". La canción del jardinero. La canción con la que me
acunaba Ezequiel.
Sentía su voz en mi cabeza. "Yo no soy un bailarín/ pero me gusta quedarme/ quieto
en la tierra y sentir/ que mis pies tienen raíz". Ezequiel.
Y otra vez la sombra del ave de rapiña, cada vez más cerca.
Creo que me mareé, o no sé bien que pasó. Lo que recuerdo es la pila de los libros en
el piso. Toda la obra de María Elena Walsh tirada. La cara de espanto de la
embarazada y yo corriendo como alma que lleva el diablo. Supongo que todos
pensaron que me había robado algo.
Sé que no paré de correr hasta el río. Lloraba. No me podía sacar de la cabeza la cara
de la gorda, el ave de rapiña, los libros en el piso.
Y la voz de Ezequiel cantando: "Aprendí que una nuez/ es arrugada y viejita/ pero que
puede ofrecer/ mucha mucha mucha miel".