Mi primera sensación cuando abrí la puerta de la casa fue en un principio de alegría y luego de rareza. Todo seguía en su lugar habitual, sin embargo yo sentí que nadie había entrado desde aquél día de verano hace ya 16 años atrás, cuando armamos las maletas con todo lo necesario y nos fuimos para siempre
Ese mismo día, mi hermana, cual profeta, me había anunciado, “mirá bien! Porque ya no lo vas a ver nunca más
Hoy después de tanto tiempo comprendo aquellas palabras, porque esta casa se esfumó junto con los recuerdos que dolían demasiado
Hoy, que vuelvo a entrar, recorro los cuartos, tengo que decidir en cual de ellos voy a pasar la noche. Atravieso el salón que alguna vez había sido el lugar con más vida de la casa, hoy ya sin alma. Doblo a la izquierda y llego al primer cuarto, ese en el que vi a mi madre por última vez, aquí no me quedo, me digo, quiero huir pero no puedo
Afuera es negro.
La obscuridad solo deja moverse al viento, a la sombra de los árboles.
Camino unos pocos pasos y llego al siguiente cuarto, abro la puerta y nos veo a mi hermana y a mí riéndonos a obscuras, compulsivamente, frenéticamente
Veo la infancia frente a mí y me aterra
Cierro la puerta y en el camino observo el techo del baño descascarándose sobre mis hombros
Llego a la cocina que no huele a nada
Pienso que no hay cosa más triste que esa
Estoy al pie de la escalera que me lleva al último cuarto,subo sus escalones uno a uno con mis ojos, es una escalera oxidada y fría como el mármol
Escucho sonidos, este cuarto es una caja musical
Los perros todavía ladran allí, donde todo termina
No hay salida, soy una extraña, pero ahí me quedo
Tal véz con la lúz todo desaparezca
Tal véz pronto me despierte y nada exista, ni siquiera yo