Lo que no se dice no existe Volumen III | Seite 7

Una vez tuve un recuerdo,

eras tú, bajo una luz caliente, palabras que se mudaban de boca a boca,

sin prisa pero sí con prepotencia. No pude recordar nada más, solo tenía este lazo, más bien un hilo, que me llevaba a la imagen de tu cara, que ahora ya veo desde lejos.

Recuerdo además una mañana solitaria, recuerdo un cielo gris, un frío penetrante, un peso agobiante encima de mis espaldas, un cementerio silencioso, la casualidad no casual de encontrar un nombre preciso, el dejar unas palabras para que se las llevase el viento.

Recuerdo, tu estabas conmigo aunque no estuvieses a mi lado.

No hay espacio para el rencor, lo único que veo ahora son imágenes que parecen sacadas de vidas ajenas; no hay espacio para la lógica, que tanto nos gusta en estos días modernos, en los que se dice que la realidad es precisamente la que se ve.

Recuerdo andar desde siempre, sin sentarme nunca, recuerdo no hacer caso al dolor de mis pies y arrancar hacia ni yo se dónde. Recuerdo lluvia; recuerdo.

Ya desapareciste:

tu rostro se desvanece, tu olor se atenúa, tus palabras me llegan menos claras.

¿Será esta la vida?

Contactos efímeros con humanos pasajeros.

Cómo siempre, creo que hay que tener fe.