Para siempre, me decía.
Para siempre y por su tono de voz y tal vez por las palabras que elegía, ese para siempre me hacía pensar que si hubiera una verdad a la cual aferrarse en este mundo líquido, seguro sería esa
de palabras que formaban en mí una fe absurda, que me convertían en una oveja que sigue fielmente a su ganado, que me colmaban el alma
Y sí que la inocencia era entonces un veneno dulce y mis preguntas apuntaban hacia el infinita
Para siempre en mi memoria que quiere recordarlo todo, con gusto a mar, a pasto recién cortado, con rutas interminables de campo y más campo, con terrenos baldíos y perros que ya no ladran, que desaparecen. Y gritos despavoridos de un animal que desea salvarse
Para siempre y se cae el telón. Fin del último acto. La gente aplaude y lentamente regresa a su destino cotidiano. Las luces comienzan a apagarse y yo sigo ahí sentada mientras la verdad se quiebra en dos. Intento juntar los restos pero las palabras ya no se pegan y me río cuando todo muere
y me entrego, mientras todo florece.
Cierro la puerta y todo se cae. Pero yo floto.
Para siempre.
Para siempre.
Final (2018)
Dolores en tinta