abultado sello en el que, incrustado en oro, se veía el dibujo de una especie de rueda de tres
radios, en forma de espiral, parecida a la rueda solar de los celtas. La segunda que se
probó, forzándola un poco, se ajustaba perfectamente. Le pesaba y el oro brillaba
veladamente entre el gris mate del hierro pulido. ¿Por qué