un misterio falso de lenguaje. ¿Qué quiere decir masoquismo? ¿Que el dolor es también placer
y el sufrimiento, alegría? Puede que sí. Éstas son afirmaciones de las que los metafísicos hacen
gran uso —como dicen también que toda presencia es ausencia y toda palabra silencio— y no
niego (aunque no siempre las entiendo) que puedan tener su utilidad. Pero, en todo caso,
es una utilidad que no se deriva de la simple observación, por lo tanto, que no es de la
incumbencia del médico ni del simple psicólogo y mucho menos del necio. No, se me dirá. Se
trata, sí, de un dolor, pero de un dolor que el masoquista sabe transformar en placer; de un
sufrimiento del que, por una química secreta, él destila un puro placer.
¡Qué noticia! De este modo, los hombres habrían hallado al fin lo que tan asiduamente
buscaban en la medicina, la moral, las filosofías y las religiones: el medio de evitar el dolor, o,
por lo menos, de superarlo, de comprenderlo (aunque sólo fuera por ver en él el efecto de
nuestra necedad o de nuestras faltas). Y, lo que es más, lo habrían hallado desde siempre,
pues, a fin de cuentas, los masoquistas no datan de ayer. Y me asombra el que no se les
hayan rendido mayores honores ni se haya espiado su secreto. Que no se les haya reunido
en palacios, para observarlos mejor, encerrados en jaulas. Tal vez los hombres nunca se hagan
preguntas cuyas respuestas no les hayan sido dadas ya en secreto. Tal vez bastaría ponerlos en
contacto unos con otros, arrancarlos a su soledad (como si no existiera un deseo humano que
fuera puramente quimérico). Pues bien, por lo menos, aquí tenemos la jaula y a esta mujer
dentro de la jaula. No queda más que escucharla.
///. CURIOSA CARTA DE AMOR
Ella dice: «Haces mal en asombrarte. Considera mejor tu amor. Se horrorizaría si
comprendiera durante un solo instante que soy mujer y que estoy viva. Y no es olvidando las
fuentes ardientes de la sangre como vas a cegarlas.
»Tus celos no te engañan. Es cierto que me haces feliz y más sana y mil veces más viva.
Sin embargo, yo no puedo impedir que esta felicidad se vuelva inmediatamente contra ti.
También la piedra canta más fuerte cuando la sangre está tranquila y el cuerpo, descansado.
Prefiero que me mantengas en esta jaula, sin alimentarme casi, si te atreves. Todo lo que me
acerca a la enfermedad y la muerte me hace fiel. Y es únicamente en los momentos en que me
haces sufrir cuando no corro peligro. No debiste aceptar ser un dios para mí, si los deberes
de los dioses te dan miedo, y todo el mundo sabe que los dioses no son blandos. Ya me has
visto llorar. Ahora tienes que tomarle el gusto a mis lágrimas. ¿Acaso mi cuello no está
precioso cuando se hincha y tiembla a pesar mío con el grito que contengo? Es una gran
verdad que debe cogerse un látigo cuando se viene a vernos. Y más de una necesitaría, incluso,
el gato de nueve colas.»
En seguida, agrega: « ¡Qué broma más tonta! Pero tú tampoco entiendes nada, ¿y si no te
amase con locura, crees que iba a atreverme a hablar así y traicionar a mis semejantes?»
Y dice también: «Es mi imaginación, son mis sueños vagos lo que a cada instante te