Literatura BDSM Historia de O | Page 105

Pero aquí se trata de otra clase de textos peligrosos. Concretamente, de los eróticos /. DECISIVO COMO UNA CARTA Aunque, ¿por qué los llaman peligrosos? Eso es algo, por lo menos, imprudente. Algo que parece hecho, contando con que nos sintamos medianamente valientes, para instarnos a leerlos y exponernos al peligro. Y por algo será que las Sociedades Geográficas aconsejan a sus miembros no hacer mucho hincapié en los peligros corridos. No es por modestia, sino por no tentar a nadie (como se ve todavía por la facilidad de las guerras). Pero, ¿qué peligros? Hay uno, por lo menos, que veo claramente desde aquí. Es un peligro modesto. Evidentemente, La historia de O es uno de esos libros que marcan al lector, que no lo dejan como lo encontraron, sino curiosamente mezclados a la influencia que ejercen y transformándose con ella. Después de varios años ya no son los mismos libros. De manera que, muy pronto, los primeros críticos parecen haber sido un poco bobos. Pero, ¡qué importa!, un crítico nunca debe dudar en ponerse en ridículo. De manera que lo más sencillo será confesar que yo no sé muy bien por dónde ando. Avanzo por O de un modo curioso, como en un cuento de hadas —ya se sabe que los cuentos de hadas son las novelas eróticas de los niños —, como en uno de esos castillos encantados que parecen abandonados y, sin embargo, los sillones enfundados, los taburetes y las camas de barrotes están bien sacudidos, como los látigos y las fustas que lo están, digamos, por naturaleza. Ni asomo de herrumbre en las cadenas, ni el más leve vaho en las baldosas de colores. La primera palabra que se me ocurre cuando pienso en O es decencia. Palabra difícil de justificar. Dejémoslo. Y ese viento que atraviesa sin parar todas las habitaciones. Alienta también en O no sabría decir qué espíritu puro y violento, sin parar, sin mezcla alguna. Es un espíritu decisivo al que nada arredra, de suspiros en horrores y de éxtasis en náusea. Y, a decir verdad, en general mis preferencias son otras: me gustan las obras en las que el autor vacila; en las que deja entrever, por cierta turbación, que el tema lo intimidó; que dudó de si llegaría a salir con bien. Pero la Historia de O, está llevada, de principio a fin, como una pirueta. Te hace pensar más en un discurso que en una simple efusión; en una carta más que en un Diario íntimo. Pero una carta dirigida ¿a quién? Un discurso para convencer ¿a quién? ¿Y a quién preguntárselo? Ni siquiera sé quién es usted. Que es una mujer no lo dudo. Y no tanto por esos detalles en los que se complace, los vestidos de satén verde, los ceñidores y las faldas levantadas varias vueltas: como un mechón de pelo en un bigudí, sino en que: el día en que Re