Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 78
—Parece una buena causa —comento.
—Venga, vamos.
Se levanta. Consigue eludir el tema de conversación y me tiende la mano.
Cuando se la acepto, entrelaza sus dedos con los míos, fuerte.
Resulta tan extraño… Es tan abierto en ciertos aspectos y tan cerrado en
otros… Me lleva fuera del restaurante y caminamos por la calle. Hace una mañana
cálida, preciosa. Brilla el sol y el aire huele a café y a pan recién hecho.
—¿Adónde vamos?
—Sorpresa.
Ah, vale. No me gustan nada las sorpresas.
Recorremos dos manzanas y las tiendas empiezan a ser claramente más
exclusivas. Aún no he tenido oportunidad de explorar los alrededores, pero la verdad
es que esto está a la vuelta de la esquina de donde yo vivo. A Kate le encantará. Está
lleno de pequeñas boutiques que colmarán su pasión por la moda. De hecho, yo
necesito un par de faldas holgadas para el trabajo.
Christian se para frente a un gran salón de belleza de aspecto refinado, y me
abre la puerta. Se llama Esclava. El interior es todo blanco y tapicería de piel. En la
blanca y austera recepción hay sentada una chica rubia con un uniforme blanco
impoluto. Nos mira cuando entramos.
—Buenos días, señor Grey —dice vivaz, y el color aflora a sus mejillas
mientras le mira arrobada.
Es el usual efecto Grey, ¡pero ella le conoce! ¿De qué?
—Hola, Greta.
Y él la conoce a ella. ¿Qué pasa aquí?
—¿Lo de siempre, señor? —pregunta educadamente.
Lleva un pintalabios muy rosa.
—No —dice él enseguida, y me mira de reojo, nervioso.
¿Lo de siempre? ¿Qué significa eso?
Santo Dios. ¡Es la regla número seis, el puñetero salón de belleza! ¡Toda
esa tontería de la depilación… maldita sea!
¿Aquí es donde traía a todas sus sumisas? ¿Quizá también a Leila? ¿Cómo
demonios se supone que tengo que reaccionar a esto?
—La señorita Steele te dirá lo que quiere.
Le miro airada. Está endilgándome las normas disimuladamente. He
aceptado lo del entrenador personal… ¿y ahora esto?
—¿Por qué aquí? —le siseo.
—El local es mío, y tengo tres más como este.
—¿Es tuyo? —farfullo, sorprendida.
Vaya, esto no me lo esperaba.
—Sí. Es como actividad suplementaria. Cualquier cosa, todo lo que