Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 451

—Christian, últimamente todos los días que paso contigo son memorables —digo en tono mordaz. —Buena puntualización, señorita Steele. Ven, quiero enseñarte una cosa. Me da la mano y me conduce a través de la casa hasta la cocina, donde Carrick, Ethan y Elliot hablan de los Mariners, beben los últimos cócteles y comen los restos del festín. —¿Vais a dar un paseo? —insinúa Elliot burlón cuando cruzamos las puertas acristaladas. Christian no le hace caso. Carrick le pone mala cara a Elliot, moviendo la cabeza con un mudo reproche. Mientras subimos los escalones hasta el jardín, me quito los zapatos. La media luna brilla resplandeciente sobre la bahía. Reluce intensamente, proyectando infinitas sombras y matices de gris a nuestro alrededor, mientras las luces de Seattle centellean a lo lejos. La casita del embarcadero está iluminada, como un faro que refulge suavemente bajo el frío halo de la luna. —Christian, mañana me gustaría ir a la iglesia. —¿Ah? —Recé para que volvieras a casa con vida, y así ha sido. Es lo mínimo que puedo hacer. —De acuerdo. Deambulamos de la mano durante un rato, envueltos en un silencio relajante. Y entonces se me ocurre preguntarle: —¿Dónde vas a poner las fotos que me hizo José? —Pensé que podríamos colgarlas en la casa nueva. —¿La has comprado? Se detiene para mirarme fijamente, y dice en un tono lleno de preocupación: —Sí, creí que te gustaba. —Me gusta. ¿Cuándo la has comprado? —Ayer por la mañana. Ahora tenemos que decidir qué hacer con ella — murmura aliviado. —No la eches abajo. Por favor. Es una casa preciosa. Solo necesita que la cuiden con amor y cariño. Christian me mira y sonríe. —De acuerdo. Hablaré con Elliot. Él con