Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 449

reacción de ella. —¿Y la culpas por eso? —digo en tono suave y cariñoso. Él me abraza fuerte y parece indeciso, como si tratara de ordenar sus pensamientos. Finalmente responde: —No. ¡Uau! Menudo avance. —¿Nos sentamos? —pregunto. —Claro. ¿Aquí? Asiento y nos acomodamos en lo alto de la escalera. —¿Y tú qué sientes? —pregunto ansiosa, apretándole la mano y observando su cara triste y seria. Él suspira. —Me siento liberado. Se encoge de hombros, y luego sonríe radiante, con una sonrisa gloriosa y despreocupada al más puro estilo Christian, y el cansancio y la tensión presentes hace un momento se desvanecen. —¿De verdad? Yo le devuelvo la sonrisa. Uau, bajaría a los infiernos por esa sonrisa. —Nuestra relación de negocios ha terminado. Le miro con el ceño fruncido. —¿Vas a cerrar la cadena de salones de belleza? Suelta un pequeño resoplido. —No soy tan vengativo, Anastasia —me reprende—. No, le regalaré el negocio. Se lo debo. El lunes hablaré con mi abogado. Yo arqueo una ceja. —¿Se acabó la señora Robinson? Adopta una expresión irónica y menea la cabeza. —Para siempre. Yo sonrío radiante. —Siento que hayas perdido una amiga. Se encoge de hombros y luego esboza un amago de sonrisa. —¿De verdad lo sientes? —No —confieso, ruborizada. —Ven. —Se levanta y me ofrece una mano—. Unámonos a esa fiesta en nuestro honor. Incluso puede que me emborrache. —¿Tú te emborrachas? —le pregunto, y le doy la mano. —No, desde mis tiempos de adolescente salvaje. Bajamos la escalera. —¿Has comido? —pregunta.