Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Seite 432

—No —se limita a responder. Abro muchos los ojos y le sonrío, satisfecha. —Bueno, pues imagínate que lo estamos. Hasta luego. Me doy la vuelta y salgo disparada hacia el vestíbulo. Consigo llegar al ascensor antes de que me atrape. Cuando se cierran las puertas, le hago un gesto de despedida y le sonrío con cariño, mientras él me mira impotente, con los ojos entornados, pero afortunadamente de buen humor. Sacude la cabeza con gesto de exasperación, y luego dejo de verle. Oh, ha sido emocionante. La adrenalina palpita en mis venas, y tengo la sensación de que el corazón se me va a salir del pecho. Pero, a medida que el ascensor baja, mi ánimo también desciende. Maldita sea… ¿qué he hecho? He despertado a la fiera. Se enfadará conmigo cuando vuelva. Mi subconsciente me mira fijamente por encima de sus gafas de media luna, con una vara de sauce en la mano. Oh, no. Pienso en la poca experiencia que tengo con los hombres. Yo nunca he vivido con un hombre… bueno, excepto con Ray pero, por alguna razón, él no cuenta. Es mi padre… bueno, el hombre a quien considero mi padre. Y ahora tengo a Christian. En realidad, él nunca ha vivido con nadie, creo. Tengo que preguntárselo… si es que todavía me habla. No obstante creo firmemente que tengo que vestirme como yo quiera. Recuerdo sus normas. Sí, esto debe de ser muy duro para él, pero también tengo clarísimo que este vestido lo pagó él. Debería haber dejado instrucciones más claras en Neimans: ¡nada demasiado corto! Este vestido no es tan corto, ¿no? Lo compruebo en el gran espejo de la entrada. Maldita sea. Sí, lo es, pero ya he tomado mi decisión. Y sin duda tendré que enfrentarme a las consecuencias. Me pregunto vagamente qué hará él, pero primero tengo que sacar dinero. Me quedo mirando el comprobante del cajero automático: 51.689,16 dólares. ¡Hay cincuenta mil dólares de más! «Anastasia, si aceptas mi proposición, tú también vas a tener que aprender a ser rica.» Y ya está empezando. Cojo mis míseros cincuenta dólares y me encamino hacia la tienda. *** Cuando vuelvo, voy directamente a la cocina, sin poder evitar un escalofrío de alarma. Christian sigue en su estudio. Vaya. Lleva ahí encerrado casi toda la tarde. Decido que la mejor opción es enfrentarme a él y comprobar cuanto antes la gravedad de lo que he hecho. Me acerco con cautela a la puerta de su estudio. Está al teléfono, mirando por la ventana. —¿Y el especialista de Eurocopter vendrá el lunes por la tarde?… Bien. Mantenme informado. Diles que necesito sus primeras conclusiones el lunes a última hora o el martes por la mañana. Cuelga y da la vuelta a la silla, pero al verme se queda quieto, con gesto