Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 415
también, me fulmina con una mirada incendiaria de sus ojos grises. Yo, anhelante,
apenas puedo respirar ni pensar con claridad. Estoy segura de que su ataque sensual
me ha dejado los labios henchidos.
—Date la vuelta —ordena con delicadeza, y yo obedezco.
Me aparta la corbata del cabello. Lo trenza y lo ata rápidamente, y tirando
de la trenza me obliga a alzar la cabeza.
—Tienes un pelo precioso, Anastasia —murmura, y me besa el cuello,
provocándome un escalofrío que me recorre toda la columna—. Cuando quieras que
pare solo tienes que decírmelo. Lo sabes, ¿verdad? —murmura pegado a mi garganta.
Yo asiento con los ojos cerrados, deleitándome en el sabor de sus labios.
Me da la vuelta otra vez y coge la corbata por la punta.
—Ven —dice, y tirando suavemente me lleva hasta la cómoda, sobre la
cual está el resto del contenido de la caja.
—Estos objetos no me parecen muy adecuados, Anastasia… —Coge el
dilatador anal—. Este es demasiado grande. Una virgen anal como tú no debe empezar
con este. Optaremos por empezar con esto.
Levanta el dedo meñique, y yo ahogo un gemido. Dedos… ¿ahí? Él me
sonríe con aire malicioso, y me viene a la mente la desagradable imagen del puño en el
ano que se mencionaba en el contrato.
—Un dedo… solo uno —dice en voz baja, con esa extraña capacidad que
tiene de leerme la mente.
Clavo la mirada en sus ojos. ¿Cómo lo hace?
—Estas pinzas son brutales. —Señala las pinzas para los pezones—.
Usaremos estas. —Pone otro par sobre la cómoda. Parecen horquillas gigantes, pero
con unas bolitas azabache colgando—. Estas son ajustables —murmura Christian, su
voz entreverada de gentil preocupación.
Parpadeo y le miro con los