Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 409

descalzo, nos acompaña a José y a mí al vestíbulo. —Gracias por dejarme dormir aquí —le dice José a Christian cuando se dan la mano. —Cuando quieras —responde Christian sonriendo. José me da un pequeño abrazo. —Cuídate, Ana. —Claro. Me alegro de haberte visto. La próxima vez saldremos por ahí. —Te tomo la palabra. Se despide alzando la mano desde el interior del ascensor, y luego las puertas se cierran. —Sigue queriendo acostarse contigo, Ana. Pero no puedo culparle de eso. —¡Christian, eso no es cierto! —No te enteras de nada, ¿verdad? —Me sonríe—. Te desea. Muchísimo. Frunzo el ceño. —Solo es un amigo, Christian, un buen amigo. Y de pronto me doy cuenta de que me parezco a Christian cuando habla de la señora Robinson. Y esa idea me inquieta. Él levanta las manos en un gesto conciliatorio. —No quiero discutir —dice en voz baja. ¡Ah! No estamos discutiendo… ¿o sí? —Yo tampoco. —No le has dicho que vamos a casarnos. —No. Pensé que debía decírselo primero a mamá y a Ray. Oh, no. Es la primera vez que pienso en eso desde que acepté su proposición. Dios… ¿qué van a decir mis padres? Christian asiente. —Sí, tienes razón. Y yo… eh… debería pedírselo a tu padre. Me echo a reír. —Christian, no estamos en el siglo XVIII. Madre mía. ¿Qué dirá Ray? Pensar en esa conversación me horroriza. —Es la tradición —replica Christian, encogiéndose de hombros. —Ya hablaremos luego de eso. Quiero darte tu otro regalo —digo para intentar distraerle. Pensar en mi regalo me tiene en un sinvivir. Necesito dárselo para ver cómo reacciona. Él me dedica su sonrisa tímida y se me para el corazón. Aunque viva mil años, nunca me cansaré de esa sonrisa. —Estas mordiéndote el labio otra vez —me dice, y me levanta la barbilla. Cuando sus dedos me tocan, un estremecimiento recorre mi cuerpo. Sin decir una palabra, y ahora que todavía me queda algo de valor, le cojo de la mano y le