Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 410
llevo de nuevo al dormitorio. Le suelto cuando llegamos junto a la cama y, de debajo
de mi lado del lecho, saco las otras dos cajas de regalo.
—¿Dos? —dice sorprendido.
Yo inspiro profundamente.
—Esto lo compré antes del… eh… incidente de ayer. Ahora ya no me
convence tanto.
Y me apresuro a darle uno de los paquetes, antes de cambiar de opinión. Él
se me queda mirando desconcertado al notar mis dudas.
—¿Seguro que quieres que lo abra?
Yo asiento, ansiosa.
Christian rompe el envoltorio y mira sorprendido la caja.
—Es el Charlie Tango —susurro.
Él sonríe. La caja contiene un pequeño helicóptero de madera, con unas
grandes hélices que funcionan con energía solar. La abre.
—Energía solar —murmura—. Uau.
Y, sin apenas darme cuenta, ya está sentado en la cama, montándolo. Lo
encaja rápidamente y lo sostiene en la palma de la mano. Un helicóptero azul de
madera. Levanta la vista hacia mí con esa gloriosa sonrisa de muchacho cien por cien
americano, y luego se acerca a la ventana y, cuando la luz del sol baña el pequeño
helicóptero, las hélices empiezan a girar.
—Mira esto —musita, y lo observa de cerca—. Lo que ya es posible hacer
con esta tecnología.
Lo sostiene a la altura de los ojos y contempla cómo giran las hélices. Está
fascinado, y también es fascinante ver cómo se deja llevar por sus pensamientos
mientras mira el pequeño helicóptero. ¿En qué estará pensando?
—¿Te gusta?
—Me encanta, Ana. Gracias. —Me coge y me besa rápidamente, y luego se
da la vuelta para ver girar la hélice—. Lo pondré en mi despacho al lado del planeador
—dice, absorto, viendo girar las aspas.
Luego aparta el helicóptero del sol, y la hélice se ralentiza hasta pararse
finalmente.
Yo no puedo evitar sonreír de oreja a oreja y tengo deseos de abrazarme a
mí misma. Le encanta. Claro, está muy interesado en las tecnologías alternativas. Ni
siquiera había pensado en eso cuando lo compré a toda prisa. Lo deja sobre la cómoda
y se vuelve hacia mí.
—Me hará compañía hasta que recuperemos el Charlie Tango.
—¿Se podrá recuperar?
—No lo sé. Eso espero. Si no, lo echaré de menos.
¿Qué? Yo misma me escandalizo por sentir celos de un objeto inanimado.
Mi subconsciente resopla y suelta una carcajada desdeñosa. Yo no le hago caso.