Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 403

algo. —Es sábado —exclama con asombro lascivo en la mirada, y me coge por la cintura, me atrae hacia él y me besa salvajemente. ¡Uau… cambio de ritmo! Sus manos se deslizan por mi cuerpo húmedo y resbaladizo hasta moverse en torno a mi sexo, sus dedos me exploran provocativos, y su implacable boca me deja sin respiración. Sube una mano hasta mi cabello húmedo para sujetarme la cabeza, mientras yo resisto toda la fuerza de su pasión desatada. Sus dedos se mueven en mi interior. —¡Ah! —jadeo junto a su boca. —Sí —sisea, desliza las manos hasta mi trasero y me levanta—. Rodéame con las piernas, nena. Mis piernas obedecen, y me aferro a su cuello como una lapa. Él me sostiene contra la pared de la ducha, se para y me observa intensamente. —Abre los ojos —murmura—. Quiero verte. Le miro parpadeante, con el corazón latiéndome desbocado y la sangre hirviendo ardiente a través de mis venas, y un deseo real y galopante aumenta en mi interior. Entonces él se desliza dentro de mí, oh, muy despacio, y me llena, y me reclama, piel contra piel. Yo empujo hacia abajo para fundirme en él, gimiendo con fuerza. Una vez dentro de mí, se detiene otra vez, con la cara contraída, intensa. —Eres mía, Anastasia —susurra. —Siempre. Sonríe victorioso, se mueve y me hace jadear. —Y ahora ya podemos contárselo a todo el mundo, porque has dicho que sí. Su voz tiene un tono reverencial, y entonces se inclina hacia abajo, sus labios se apoderan de mi boca, y empieza a moverse… lenta y dulcemente. Yo cierro los ojos y echo la cabeza hacia atrás, mi cuerpo se arquea y someto mi voluntad a la suya, esclava de su cadencia lenta y embriagadora. Me roza con los dientes la mandíbula, y la barbilla, bajando por el cuello mientras recupera el ritmo, empujándome hacia delante y hacia arriba… lejos de este planeta terrenal, de la ducha abrasadora, del terror gélido de la noche pasada. Somos solo mi hombre y yo, moviéndonos al unísono como si fuéramos uno, cada uno absolutamente absorbido en el otro, y nuestros jadeos y gruñidos se funden. Yo saboreo la sensación exquisita de que me posea, mientras mi cuerpo brota y florece en torno a él. Podría haberle perdido… y le amo… le amo tanto, y de pronto me supera la inmensidad de mi amor y la profundidad de mi compromiso con él. Pasaré el resto de mi vida amando a este hombre, y con esa revelación abrumadora, exploto en torno a él en un orgasmo catártico, sanador, y grito su nombre mientras las lágrimas bañan mis