Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 386
Detrás se encuentra la señora Jones, que se mantiene ocupada en la cocina.
Kate está en la sala de la televisión, pendiente de los informativos locales.
Oigo el débil sonido de la gran pantalla de plasma. No soy capaz de volver a ver la
noticia —CHRISTIAN GREY, DESAPARECIDO— ni su atractivo rostro en la
televisión.
Me da por pensar que nunca he visto a tanta gente en este gran salón, que
aun así es tan enorme que les empequeñece a todos. Son pequeñas islas de gente
perdida y angustiada en casa de mi Cincuenta. ¿Qué pensaría él de su presencia aquí?
En algún lugar Taylor y Carrick están hablando con las autoridades, que nos
van proporcionando información con cuentagotas; pero todo eso no tiene ninguna
importancia. El hecho es que él ha desaparecido. Hace ocho horas que desapareció. Y
no hay noticias ni rastro de él. Lo único que sé es que la búsqueda se ha suspendido.
Ya ha anochecido. Y no sabemos dónde está. Puede estar herido, hambriento o algo
peor. ¡No!
Elevo una nueva plegaria silenciosa a Dios. Por favor, que Christian esté
bien. Por favor, que Christian esté bien. La repito mentalmente una y otra vez: es mi
mantra, mi tabla de salvación, algo a lo que aferrarme en mi desesperación. Me niego a
pensar lo peor. No, eso ni pensarlo. Aún hay esperanza.
«Tú eres mi tabla de salvación.»
Las palabras de Christian acuden a mi memoria. Sí, la esperanza es lo
último que se pierde. No debo desesperar. Sus palabras resuenan en mi mente.
«Ahora soy un firme defensor de la gratificación inmediata. Carpe diem,
Ana.»
¿Por qué yo no he disfrutado del momento?
«Hago esto porque finalmente he conocido a alguien con quien quiero pasar
el resto de mi vida.»
Cierro los ojos y rezo en silencio, meciéndome levemente. Por favor, no
dejes que el resto de su vida sea tan breve. Por favor, por favor. No hemos pasado
suficiente tiempo juntos… necesitamos más tiempo. Hemos hecho tantas cosas en las
pocas semanas que han pasado. Esto no puede terminar. Todos nuestros momentos de
ternura: el pintalabios, cuando me hizo el amor por primera vez en el hotel Olympic, él
postrado de rodillas, ofreciéndose a mí… tocarle finalmente.
«Yo sigo siendo el mismo, Ana. Te quiero y te necesito. Tócame. Por
favor.»
Oh, le amo tanto. No seré nada sin él, tan solo una sombra… toda la luz se
eclipsará. No, no, no… mi pobre Christian.
«Este soy yo, Ana. Todo lo que soy… y soy todo tuyo. ¿Qué tengo que
hacer para que te des cuenta de eso? Para hacerte ver que quiero que seas mía de la
forma que tenga que ser. Que te quiero.»
Y yo a ti, mi Cincuenta Sombras.