Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 376

jadeando. Por Dios… ¿nunca se le agota la energía? Sus dedos me recorren la espalda, arriba y abajo. —¿Satisfecha, señorita Steele? Yo asiento con un murmullo. Ya no me quedan fuerzas para hablar. Levanto la cabeza y vuelvo mi mirada borrosa hacia él, deleitándome con sus ojos cálidos y cariñosos. Inclino la cabeza hacia abajo muy despacio, dejándole clara mi intención de que voy a besarle el torso. Él se tensa un momento, y yo le planto un leve beso en el vello del pecho, aspirando ese extraordinario aroma a Christian, mezcla de sudor y sexo. Es embriagador. Él se mueve para ponerse de costado, de manera que quedo tumbada a su lado, y baja la vista y me mira. —¿El sexo es así para todo el mundo? Me sorprende que la gente no se quede en casa todo el tiempo —murmuro, con repentina timidez. Él sonríe. —No puedo hablar en nombre de todo el mundo, Anastasia, pero contigo es extraordinariamente especial. Se inclina y me besa. —Eso es porque usted es extraordinariamente especial, señor Grey — añado sonriendo, y le acaricio la cara. Él me mira y parpadea, desconcertado. —Es tarde. Duérmete —dice. Me besa, luego se tumba, me atrae hacia él, y se pega a mi espalda. —No te gustan los halagos. —Duérmete, Anastasia. Ah… pero él es extraordinariamente especial. Dios… ¿por qué no se da cuenta? —Me encantó la casa —murmuro. Permanece un buen rato sin decir nada, pero noto que sonríe. —A mí me encantas tú. Duérmete. Hunde la nariz en mi pelo y me voy deslizando en el sueño, segura en sus brazos, soñando con puestas de sol y grandes ventanales y amplias escalinatas… y con un crío con el pelo cobrizo que corre por un prado, riendo y dando grititos mientras yo le persigo. *** —Tengo que irme, nena. Christian me besa justo debajo de la oreja. Abro los ojos: ya es de día. Me doy la vuelta para mirarle, pero ya se ha levantado y arreglado y se inclina, fresco y delicioso, sobre mí. —¿Qué hora es? Oh, no… no quiero llegar tarde.