Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 367
—¿Uno de sus platos favoritos, señor Grey?
—Sin duda, señorita Steele. Aunque creo que en el Heathman comimos
bacalao.
Se pasa la mano por el muslo, arriba y abajo. Me cuesta respirar, pero
sigue sin tocarme. Es muy frustrante. Intento concentrarme en la conversación.
—Creo recordar que entonces estábamos en un reservado, discutiendo un
contrato.
—Qué tiempos aquellos… —dice sonriendo con malicia—. Esta vez
espero conseguir follarte.
Mueve la mano para coger el cuchillo.
¡Agh!
Corta un trozo de su lubina. Lo está haciendo a propósito.
—No cuentes con ello —musito con un mohín, y él me mira divertido—.
Hablando de contratos —prosigo—: el acuerdo de confidencialidad.
—Rómpelo —dice simplemente.
Oh, Dios…
—¿Qué? ¿En serio?
—Sí.
—¿Estás seguro de que no iré corriendo al Seattle Times con una
exclusiva? —digo bromeando.
Se ríe, y es un sonido maravilloso. Parece tan joven…
—No, confío en ti. Voy a concederte el beneficio de la duda.
Ah. Le sonrío tímidamente.
—Lo mismo digo —musito.
Se le ilumina la mirada.
—Estoy encantado de que lleves un vestido —murmura.
Y… bang: el deseo inflama mi sangre ya ardiente.
—Entonces, ¿por qué no me has tocado? —siseo.
—¿Añoras mis caricias? —pregunta sonriendo.
Se está divirtiendo… el muy cabrón.
—Sí —digo indignada.
—Come —ordena.
—No vas a tocarme, ¿verdad?
Niega con la cabeza.
—No.
¿Qué? Ahogo un gemido.
—Imagina cómo te sentirás cuando lleguemos a casa —susurra—. Estoy
impaciente por llevarte a casa.
—Si empiezo a arder aquí, en el piso setenta y seis, será culpa tuya —
musito entre dientes.