Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Page 361
—Buena puntualización, señorita Steele. Vamos.
Las puertas de madera oscura se abren, y en el umbral nos espera una mujer
de pelo castaño oscuro, sonrisa franca y un traje chaqueta ceñido de color lila. Yo me
alegro de haberme puesto mi nuevo vestido azul marino sin mangas para impresionar al
doctor Flynn. Vale, no llevo unos tacones altísimos como ella, pero aun así no voy con
vaqueros.
—Señor Grey —le saluda con una cálida sonrisa, y le estrecha la mano.
—Señorita Kelly —responde él cortésmente.
Ella me sonríe y me tiende la mano. Se la estrecho, y me doy cuenta de que
se ruboriza, con esa expresión de: «¿No es un hombre de ensueño? Ojalá fuera mío».
—Olga Kelly —se presenta con aire jovial.
—Ana Steele —respondo con un hilo de voz.
¿Quién es esta mujer? Se hace a un lado para dejarnos pasar a la casa y al
entrar, me quedo estupefacta: está vacía… completamente vacía. Estamos en un
vestíbulo inmenso. Las paredes son de un amarillo tenue y desvaído y conservan las
marcas de los cuadros que debían de estar colgados allí. Lo único que queda son unas
lámparas de cristal de diseño clásico. Los suelos son de madera noble descolorida.
Las puertas que tenemos a los lados están cerradas, pero Christian no me da tiempo
para poder asimilar qué está pasando.
—Ven —dice.
Me coge de la mano y me lleva por el pasillo abovedado que tenemos
delante hasta otro vestíbulo interior más grande. Está presidido por una inmensa
escalinata curva con una intrincada barandilla de hierro, pero Christian tampoco se
detiene ahí. Me conduce a través del salón principal, que también está vacío salvo por
una enorme alfombra de tonos dorados desvaídos: la alfombra más grande que he visto
en mi vida. Ah… y hay cuatro arañas de cristal.
Pero las intenciones de Christian quedan claras cuando cruzamos la
estancia y salimos a través de unas grandes puertas acristaladas a una amplia terraza de
piedra. Debajo de nosotros hay una extensión de cuidado césped del tamaño de medio
campo de fútbol y, más allá, está la vista… Uau.
La ininterrumpida vista panorámica resulta impresionante, sobrecogedora
incluso: el crepúsculo sobre el Sound. A lo lejos se alza la isla de Bainbridge, y más
lejos aún, en este cristalino atardecer, el sol se pone lentamente, irradiando llamaradas
sanguíneas y anaranjadas, por detrás del parque nacional Olympic. Tonalidades
carmesíes se derraman sobre el cielo cerúleo, junto con trazos de ópalo y aguamarinas
mezclados con el púrpura oscuro de los escasos jirones de nubes y la tierra más allá
del Sound. Es la naturaleza en su máxima expresión, una orquestada sinfonía visual que
se refleja en las aguas profundas y calmas del estrecho de Puget. Y yo me pierdo
contemplando la vista… intentando absorber tanta belleza.
Me doy cuenta de que contengo la respiración, sobrecogida, y Christian