Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 51

¿Quiere que pare? ¿O que continúe? Se queda quieto bruscamente, frunce el ceño y saca del bolsillo la BlackBerry que va con él a todas partes para atender una llamada. Mira el reloj y frunce el ceño un poco más. —Barney —contesta. Mierda. El trabajo nos vuelve a interrumpir. Trato de retirar el pie, pero él me agarra el tobillo con más fuerza para evitarlo. —¿En la sala del servidor? —dice incrédulo—. ¿Se activó el sistema de supresión de incendios? ¡Un incendio! Intento apartar de nuevo los pies de su regazo y esta vez me lo permite. Me siento correctamente, me abrocho el cinturón y jugueteo nerviosa con la pulsera de treinta mil euros. Christian vuelve a apretar el botón de la puerta y el cristal tintado baja. —¿Hay alguien herido? ¿Daños? Ya veo… ¿Cuándo? —Consulta otra vez su reloj y después se pasa los dedos por el pelo—. No. Ni los bomberos ni la policía. Todavía no, al menos. ¿Un incendio? ¿En la oficina de Christian? Le miro con la boca abierta, mi mente a mil por hora. Taylor se gira para poder oír la conversación. —¿Eso ha hecho? Bien… Vale. Quiero un informe detallado de daños. Y una lista de todos los que hayan entrado en los últimos cinco días, incluyendo el personal de limpieza… Localiza a Andrea y que me llame… Sí, parece que el argón ha sido eficaz. Vale su peso en oro… ¿Informe de daños? ¿Argón? Me suena lejanamente de alguna clase de química… Creo que es un elemento de la tabla periódica. —Ya me doy cuenta de que es pronto… Infórmame por correo electrónico dentro de dos horas… No, necesito saberlo. Gracias por llamar. —Christian cuelga e inmediatamente marca otro número en la BlackBerry. —Welch… Bien… ¿Cuándo? —Christian vuelve a mirar el reloj—. Una hora… sí… Veinticuatro horas, siete días en el almacenamiento de datos externo… Bien. —Cuelga. —Philippe, necesito estar a bordo en una hora. —Sí, monsieur. Mierda, es Philippe, no Gaston. El coche acelera. Christian me mira con una expresión inescrutable. —¿Hay alguien herido? —le pregunto. Christian niega con la cabeza. —Muy pocos daños. —Estira el brazo, me coge la ma no y me la aprieta tranquilizador—. No te preocupes por eso. Mi equipo se está ocupando de ello. —Y ahí está el presidente, al mando, ejerciendo el control, sin ponerse nervioso. —¿Dónde ha sido el incendio? —En la sala del servidor. —¿En las oficinas de Grey Enterprises? —Sí. Me está dando respuestas telegráficas, así que me doy cuenta de que no quiere hablar de ello. —¿Por qué ha habido tan pocos daños? —La sala del servidor tiene un sistema de supresión de incendios muy sofisticado. Claro…