Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 420

familia no se atreve a hacerme (lo que me divierte)… Pero ¿cómo se ha atrevido ella? Tengo que reprimir la necesidad imperiosa de arrancarla de su asiento, ponerla sobre mis rodillas y azotarla hasta que no lo pueda soportar más para después follármela encima de mi mesa con las manos atadas detrás de la espalda. Eso respondería perfectamente a su pregunta. ¡Pero qué mujer más frustrante! Inspiro hondo para calmarme. Para mi deleite vengativo, parece muy avergonzada por su propia pregunta. —No, Anastasia, no soy gay. —Levanto ambas cejas, pero mantengo la expresión impasible. Anastasia. Es un hombre muy bonito. Me gusta cómo me acaricia la lengua. —Le pido disculpas. Está… bueno… está aquí escrito. —Se coloca el pelo detrás de la oreja nerviosamente. ¿No conoce sus propias preguntas? Tal vez es que no son suyas. Se lo pregunto y ella palidece. Joder, es realmente atractiva, aunque de una forma discreta. Incluso diría que es bonita. —Bueno… no. Kate… la señorita Kavanagh… me ha pasado una lista. —¿Son compañeras de la revista de la facultad? —No. Es mi compañera de piso. Ahora entiendo por qué se comporta así. Me rasco la barbilla y me debato entre hacérselo pasar muy mal o no. —¿Se ha ofrecido usted para hacer esta entrevista? —le pregunto y me recompensa con una mirada sumisa con los ojos grandes y agobiados por mi reacción. Me gusta el efecto que tengo sobre ella. —Me lo ha pedido ella. No se encuentra bien —explica en voz baja. —Esto explica muchas cosas. Llaman a la puerta y aparece Andrea. —Señor Grey, perdone que lo interrumpa, pero su próxima reunión es dentro de dos minutos. —No hemos terminado, Andrea. Cancela mi próxima reunión, por favor. Andrea duda y me mira con la boca abierta. Yo me quedo mirándola fijamente. ¡Fuera! ¡Ahora! Estoy ocupado con la señorita Steele. Andrea se pone escarlata, pero se recupera rápido. —Muy bien, señor Grey —dice, se gira y se va. Vuelvo a centrar mi atención en la intrigante y frustrante criatura que tengo sentada en mi sofá. —¿Por dónde íbamos, señorita Steele? —No quisiera interrumpir sus obligaciones. Oh, no, nena. Ahora me toca a mí. Quiero saber si hay algún secreto que descubrir detrás de esos ojos tan increíblemente bonitos. —Quiero saber de usted. Creo que es lo justo. —Me acomodo en el respaldo y apoyo un dedo sobre los labios. Veo que sus ojos se dirigen a mi boca y traga saliva. Oh, sí… el efecto habitual. Es gratificante saber que no es completamente ajena a mis encantos. —No hay mucho que saber —me dice y vuelve el rubor. La estoy intimidando. Bien. —¿Qué planes tiene después de graduarse? Se encoge de hombros. —No he hecho planes, señor Grey. Tengo que aprobar los exámenes finales.