Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 405

Ted deja de llorar y se mira la mano. —Métete los dedos en la boca. Hace lo que le he dicho. —Pooo. —Sí. Polo. Sonríe. Mi pequeño temperamental, igual que su padre. Bueno, al menos él tiene una excusa: solo tiene dos años. —¿Vamos a ver a la señora Taylor? —Él asiente y sonríe con su preciosa sonrisa de bebé—. ¿Quieres que papi te lleve? —Niega con la cabeza y me rodea el cuello con los brazos, abrazándome con fuerza y con la cara pegada a mi garganta—. Creo que papi quiere probar el polo también —le susurro a Ted al oído. Ted me mira frunciendo el ceño y después se mira la mano y se la tiende a Christian. Su padre sonríe y se mete los dedos de Ted en la boca. —Mmm… Qué rico. Ted ríe y levanta los brazos para que le coja Christian, que me sonríe y coge a Ted, acomodándoselo contra la cadera. —Sophie, ¿dónde está Gail? —Estaba en la casa grande. Miro a Christian. Su sonrisa se ha vuelto agridulce y me pregunto qué estará pensando. —Eres muy buena con él —murmura. —¿Con este enano? —Le alboroto el pelo a Ted—. Solo es porque os tengo bien cogida la medida a los hombres Grey. —Le sonrío a mi marido. Ríe. —Cierto, señora Grey. Teddy se revuelve para que Christian le suelte. Ahora quiere andar, mi pequeño cabezota. Le cojo una mano y su padre la otra y entre los dos vamos columpiando a Teddy hasta la casa. Sophie va dando saltitos delante de nosotros. Saludo con la mano a Taylor que, en uno de sus poco habituales días libres, está delante del garaje, vestido con vaqueros y una camiseta sin mangas, haciéndole unos ajustes a una vieja moto. Me paro fuera de la habitación de Ted y escucho cómo Christian le lee: —¡Soy el Lorax! Y hablo con los árboles… Cuando me asomo, Teddy está casi dormido y Christian sigue leyendo. Levanta la vista cuando abro la puerta y cierra el libro. Se acerca el dedo a los labios y apaga el monitor para bebés que hay junto a la cuna de Ted. Arropa a Ted, le acaricia la mejilla y después se incorpora y viene andando de puntillas hasta donde yo estoy sin hacer ruido. Es difícil no reírse al verle. Fuera, en el pasillo, Christian me atrae hacia sí y me abraza.