Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 404
gustaría que estuvieras descalza, embarazada y en la cocina.
Me echo un poco hacia atrás para poder verle la cara. Él me mira a los ojos con los suyos brillantes.
—Eso también me gusta a mí —murmuro. Él me da un beso con la mano todavía sobre mi vientre.
Al ver que está de buen humor, decido sacar un tema delicado.
—¿Has pensado en mi sugerencia?
Se queda muy quieto.
—Ana, la respuesta es no.
—Pero Ella es un nombre muy bonito.
—No le voy a poner a mi hija el nombre de mi madre. No. Fin de la discusión.
—¿Estás seguro?
—Sí. —Me coge la barbilla y me mira con sinceridad y despidiendo irritación por todos los poros—. Ana,
déjalo ya. No quiero que mi hija tenga nada que ver con mi pasado.
—Vale. Lo siento. —Mierda… No quiero que se enfade.
—Eso está mejor. Deja de intentar arreglarlo —murmura—. Has conseguido que admita que la quería y me
has arrastrado hasta su tumba. Ya basta.
Oh, no. Me muevo en su regazo para quedar a horcajadas sobre él y le cojo la cabeza con las manos.
—Lo siento. Mucho. No te enfades conmigo, por favor. —Le doy un beso en los labios y después otro en
la comisura de la boca. Tras un momento él señala la otra comisura y yo sonrío y se la beso también.
Seguidamente señala su nariz. Le beso ahí. Ahora sonríe y me pone la mano en la espalda.
—Oh, señora Grey… ¿Qué voy a hacer contigo?
—Seguro que ya se te ocurrirá algo —le digo.
Sonríe y girándose de repente, me tumba y me aprieta contra la manta.
—¿Y si se me ocurre ahora? —susurra con una sonrisa perversa.
—¡Christian! —exclamo.
De pronto oímos un grito agudo de Ted. Christian se levanta con la agilidad de una pantera y corre al lugar
de donde ha surgido el sonido