Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Seite 399
fuera… siguiendo un ritmo.
—¿Quieres que te haga correrte así? —me pregunta.
—No.
Sus dedos dejan de moverse en mi interior.
—¿De verdad, señora Grey? ¿Es decisión tuya? —Sus dedos se aprietan alrededor de mi pezón.
—No… No, amo.
—Eso está mejor.
—Ah. Por favor —le suplico.
—¿Qué quieres, Anastasia?
—A ti. Siempre.
Él inhala bruscamente.
—Todo de ti —añado sin aliento.
Saca los dedos de mi interior, tira de mí para que me gire y quede de frente a él y me arranca el antifaz.
Parpadeo y me encuentro sus ojos grises oscurecidos que sueltan llamaradas, fijos en los míos. Su dedo índice
sigue el contorno de mi labio inferior y entonces me introduce los dedos índice y corazón en la boca para
dejarme degustar el sabor salado de mi excitación.
—Chupa —susurra.
Yo rodeo los dedos con la lengua y la meto entre ellos.
Mmm… Todo en sus dedos sabe bien, incluso yo.
Sus manos suben por mis brazos hasta las esposas que tengo encima de la cabeza y las suelta para
liberarme. Me gira otra vez para que quede de cara a la pared, tira de mi trenza y me atrae hacia sus brazos.
Me obliga a inclinar la cabeza a un lado y me roza la garganta con los labios y va subiendo hasta la oreja
mientras abraza mi cuerpo caliente contra el suyo.
—Quiero estar dentro de tu boca. —Su voz es suave y seductora. Mi cuerpo excitado y más que preparado
se tensa desde el interior. El placer es dulce y agudo.
Gimo. Me vuelvo para mirarle, acerco su cabeza a la mía y le doy un beso apasionado con mi lengua
invadiéndole la boca, saboreándole. Él gruñe, me pone las manos en el culo y me empuja hacia él, pero solo
mi vientre de embarazada le toca. Le muerdo la mandíbula y voy bajando dándole besos hasta la garganta.
Después bajo los dedos hasta sus vaqueros. Él echa atrás la cabeza, exponiendo la garganta a mis atenciones,
y yo sigo con la lengua hasta su torso y el vello de su pecho.
—Ah…
Tiro de la cintura de los vaqueros, los botones se sueltan y él me coloca las manos en los hombros. Me
pongo de rodillas delante de él.
Le miro entornando los ojos y él me devuelve la mirada. Tiene los ojos oscuros, los labios separados e
inhala bruscamente cuando le libero y me lo meto en la boca. Me encanta hacerle esto a Christian. Ver cómo
se va deshaciendo, oír su respiración que se acelera y los suaves gemidos que emite desde el fondo de la
garganta… Cierro los ojos y chupo con fuerza, presionando, disfrutando de su sabor y de su exclamación sin
aliento.
Me coge la cabeza para que me quede quieta y yo cubro mis dientes con los labios y le meto más