Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 387
—Inténtelo, señora Grey. —Su sonrisa se hace más amplia.
Le cojo la mano y se la pongo sobre su rodilla.
—Guárdate tus manos para ti.
Sonríe burlón.
—Como quiera, señora Grey.
Maldita sea. Es posible que con este juego me salga el tiro por la culata.
Christian sube por la entrada de nuestra nueva casa. Se detiene ante el teclado e introduce un número. La
ornamentada puerta blanca se abre. El motor ruge al cruzar el camino flanqueado por árboles todavía llenos
de hojas, aunque estas ya muestran una mezcla de verde, amarillo y cobrizo brillante. La alta hierba del prado
se está volviendo dorada, pero sigue habiendo unas pocas flores silvestres amarillas que destacan entre la
hierba. Es un día precioso. El sol brilla y el olor salado del Sound se mezcla en el aire con el aroma del otoño
que ya se acerca. Es un sitio muy tranquilo y muy bonito. Y pensar que vamos a tener nuestro hogar aquí…
Tras una curva del camino aparece nuestra casa. Varios camiones grandes con palabras CONSTRUCCIONES
GREY inscritas en sus laterales están aparcados delante. La casa está cubierta de andamios y hay varios
trabajadores con casco trabajando en el tejado.
Christian aparca frente al pórtico y apaga el motor. Puedo notar su entusiasmo.
—Vamos a buscar a Elliot.
—¿Está aquí?
—Eso espero. Para eso le pago.
Río entre dientes y Christian sonríe mientras sale del coche.
—¡Hola, hermano! —grita Elliot desde alguna parte. Los dos miramos alrededor buscándole—. ¡Aquí
arriba! —Está sobre el tejado, saludándonos y sonriendo de oreja a oreja—. Ya era hora de que vinierais por
aquí. Quedaos ahí. Enseguida bajo.
Miro a Christian, que se encoge de hombros. Unos minutos después Elliot aparece en la puerta principal.
—Hola, hermano —saluda y le estrecha la mano a Christian—. ¿Y qué tal estás tú, pequeña? —Me coge y
me hace girar.
—Mejor, gracias.
Suelto una risita sin aliento porque mis costillas protestan. Christian frunce el ceño, pero Elliot le ignora.
—Vamos a la oficina. Tenéis que poneros uno de estos —dice dándole un golpecito al casco.
Solo está en pie la estructura de la casa. Los suelos están cubiertos de un material duro y fibroso que parece
arpillera. Algunas de las paredes originales han desaparecido y se están construyendo otras nuevas. Elliot nos
lleva por todo el lugar, explicándonos lo que están haciendo, mientras los hombres (y unas cuantas mujeres)
siguen trabajando a nuestro alrededor. Me alivia ver que la escalera de piedra con su vistosa balaustrada de
hierro sigue en su lugar y cubierta completamente con fundas blancas para evitar el polvo.
En la zona de estar principal han tirado la pared de atrás para levantar la pared de cristal de Gia y están
empezando a trabajar en la terraza. A pesar de todo ese lío, la vista es impresionante. Los nuevos añadidos
mantienen y respetan el encanto de lo antiguo que tenía la casa… Gia lo ha hecho muy bien. Elliot nos