Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Página 373
—Oh, claro, encantada.
La llevo hacia la zona de la cocina y Christian se lleva a sus padres al estudio.
A Kate está a punto de darle una apoplejía por culpa de su justa indignación. Su furia está dirigida en parte a
mí y a Christian, pero sobre todo a Jack y Elizabeth.
—Pero ¿en qué estabas pensando, Ana? —me grita cuando se enfrenta a mí en la cocina, lo que provoca
que todos los ojos se giren hacia nosotras y se nos queden mirando.
—Kate, por favor. ¡Ya me ha echado todo el mundo el mismo sermón! —replico. Ella me mira fijamente y
por un momento creo que me va a someter a la charla de cómo no sucumbir a las demandas de los
secuestradores de Katherine Kavanagh, pero solo se cruza de brazos.
—Dios mío… A veces no utilizas ese cerebro con el que naciste, Steele —me susurra. Me da un beso en la
mejilla y veo que tiene los ojos llenos de lágrimas. ¡Oh, Kate!—. He estado tan preocupada por ti.
—No llores o empezaré yo también.
Ella se aparta y se enjuga las lágrimas, avergonzada. Después respira hondo y recupera la compostura.
—Hablando de algo más positivo, ya hemos decidido una fecha para nuestra boda. Hemos pensado en el
próximo mayo. Y claro, quiero que seas mi dama de honor.
—Oh… Kate… Uau. ¡Felicidades!
Vaya… Pequeño Bip… ¡Junior!
—¿Qué pasa? —pregunta malinterpretando mi gesto de alarma.
—Mmm… Es solo que me alegro tanto por ti… Buenas noticias para variar. —La rodeo con los brazos y
la atraigo hacia mí para abrazarla. Mierda, mierda, mierda. ¿Cuándo llegará Bip? Calculo mentalmente
cuándo debería salir de cuentas. La doctora Greene me ha dicho que en cuatro o cinco semanas, así que…
¿algún día de mayo? Mierda.
Elliot me pasa una copa de champán.
Oh, mierda.
Christian sale del estudio con la cara cenicienta y sigue a sus padres hasta el salón. Abre mucho los ojos
cuando ve la copa en mi mano.
—Kate —la saluda fríamente.
—Christian. —Ella es igual de fría. Suspiro.
—Señora Grey, está tomando medicamentos —dice mirando la copa que tengo en la mano.
Entorno los ojos. Maldita sea. Quiero una copa. Grace sonríe y viene a la cocina conmigo, cogiendo una
copa de manos de Elliot al pasar.
—Un sorbito no le va a hacer daño —susurra guiñándome el ojo con complicidad y levantando la copa
para brindar conmigo. Christian nos mira a las dos con el ceño fruncido hasta que Elliot le distrae con las
últimas noticias sobre el partido entre los Mariners y los Rangers.
Carrick se une a nosotras y nos rodea con el brazo a ambas. Grace le da un beso en la mejilla antes de ir a
sentarse con Mia en el sofá.
—¿Qué tal está? —le pregunto a Carrick en un susurro cuando él y yo nos quedamos solos de pie en la
cocina, observando a la familia acomodarse en los sofás. Advierto con sorpresa que Mia y Ethan están