Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 37
de los motores. Nos estamos moviendo. ¡Qué raro! Christian está a mi lado, trabajando en su portátil, vestido
informal con una camisa blanca de lino y unos pantalones chinos y descalzo. Todavía tiene el pelo húmedo y
huelo el jabón de la ducha reciente en su cuerpo y el olor a Christian… Mmm.
—Hola —susurra mirándome con ojos tiernos.
—Hola —le sonrió sintiéndome tímida de repente—. ¿Cuánto tiempo llevo dormida?
—Una hora más o menos.
—¿Nos movemos?
—He pensado que como ayer salimos a cenar y fuimos al ballet y al casino, esta noche podíamos cenar a
bordo. Una noche tranquila à deux.
Le sonrío.
—¿Y adónde vamos?
—A Cannes.
—Vale. —Me estiro porque me siento entumecida. Por mucho que me haya entrenado con Claude, nada
podía haberme preparado para lo de esta tarde.
Me levanto porque necesito ir al baño. Cojo mi bata de seda y me la pongo apresuradamente. ¿Por qué me
siento tan tímida? Siento sus ojos sobre mí. Le miro, pero él vuelve a su ordenador con el ceño fruncido.
Mientras me lavo las manos distraídamente en el lavabo recordando la velada en el casino, se me abre la
bata. Me quedo mirándome en el espejo, alucinada.
Dios Santo, pero ¿qué me ha hecho?