Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 336
pánico, y abro el cajón de un tirón para sacar el talonario de cheques. El arma de Leila aparece ante mis ojos.
Siento una incongruente punzada de irritación porque Christian no ha guardado a buen recaudo esa arma. No
sabe nada de armas. Dios, podría llegar incluso a herirse.
Tras un momento de duda, cojo la pistola, compruebo que está cargada y me la meto en la cintura de los
pantalones de vestir negros. Puede que me haga falta. Trago saliva con dificultad. Solo he apuntado a
blancos; nunca le he disparado a nadie. Espero que Ray me perdone. Centro mi atención en encontrar el
talonario de cheques correcto. Hay cinco, pero solo uno está a nombre de C. Grey y la señora A. Grey. Yo
solo tengo unos cincuenta y cuatro mil dólares en mi cuenta. No tengo ni idea de cuánto dinero hay en esta.
Pero Christian debe de tener más de cinco millones de dólares, seguro. Tal vez haya dinero en la caja fuerte…
Vaya, no tengo ni idea de la combinación. ¿No dijo que estaba en su archivo? Intento abrirlo, pero está
cerrado con llave. Mierda. Tendré que volver al plan A.
Inspiro hondo y camino hacia el dormitorio, más serena y decidida. No han hecho la cama y durante un
segundo siento una punzada de dolor. Quizá debería haber dormido aquí anoche. ¿Qué sentido tiene discutir
con alguien que admite que es Cincuenta Sombras? Ahora ni siquiera me habla. No… No tengo tiempo para
pensar en eso.
Rápidamente me quito los pantalones de vestir y me pongo unos vaqueros, una sudadera con capucha y un
par de zapatillas de deporte y me meto la pistola en la cintura de los vaqueros, en la parte de atrás. Saco del
armario una bolsa de viaje. ¿Cinco millones cabrán aquí? La bolsa del gimnasio de Christian está en el suelo.
La abro, esperando encontrármela llena de ropa sucia, pero no. La ropa de deporte está toda limpia. La señora
Jones se ocupa absolutamente de todo. Saco la ropa, la tiro al suelo, y meto su bolsa del gimnasio dentro de la
bolsa de viaje. Supongo que así será suficiente. Compruebo que llevo el carnet de conducir para que me sirva
de identificación en el banco y miro la hora. Han pasado treinta y un minutos desde que Jack llamó. Ahora
tengo que conseguir salir del Escala sin que Sawyer me vea.
Me encamino lenta y silenciosamente al vestíbulo, consciente de la cámara de circuito cerrado que está
dirigida al ascensor. Creo que Sawyer sigue en el despacho de Taylor. Abro con mucho cuidado la puerta del
vestíbulo haciendo el menor ruido posible. La cierro igual de silenciosamente detrás de mí y me quedo de pie
en el umbral, justo contra la puerta, fuera del campo de visión de la lente de la cámara de vigilancia. Saco el
teléfono móvil de mi bolso y llamo a Sawyer.
—¿Sí, señora Grey?
—Sawyer, estoy V