Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 327

problemas. No voy a volver a verla. —¿Fuiste tú a buscarla? —Al principio no. Intenté localizar a Flynn, pero me encontré sin darme cuenta en el salón de belleza. —¿Y esperas que me crea que no vas a volver a verla? —le pregunto entre dientes. No puedo contener mi furia—. ¿Y la próxima vez que crucemos alguna frontera imaginaria? Tenemos la misma discusión una y otra vez. Es como la rueda de Ixión. ¿Si vuelvo a cometer algún error no irás corriendo a buscarla de nuevo? —No voy a volver a verla —dice con una contundencia glacial—. Ella por fin entiende cómo me siento. Le miro y parpadeo. —¿Qué significa eso? Él se yergue y se pasa una mano por el pelo, irritado, furioso y mudo. Intento una táctica diferente. —¿Por qué puedes hablar con ella y no conmigo? —Estaba furioso contigo. Como ahora. —¡No me digas! —exclamo—. Bueno, yo también estoy furiosa contigo. Furiosa porque fuiste tan frío y cruel ayer cuando te necesitaba. Furiosa porque dijiste que me he quedado embarazada a propósito, cosa que no es cierta. Furiosa porque me has traicionado. —Consigo reprimir un sollozo. Abre la boca sorprendido y cierra los ojos un momento, como si acabara de darle una bofetada. Trago saliva. Cálmate, Anastasia—. Sé que debería haber prestado más atención a la fecha de mis inyecciones. Pero no lo he hecho a propósito. Este embarazo también ha sido un shock para mí —murmuro intentando poner un poco de educación en este intercambio—. Podría ser que la inyección no hiciera el efecto correcto. Me mira fijamente en silencio. —Metiste la pata ayer —le susurro, y el enfado me hierve la sangre—. He tenido que vérmelas con muchas cosas en las últimas semanas. —Tú sí que metiste la pata hace tres o cuatro semanas o cuando fuera que se te olvidó ponerte la inyección. —Vaya, ¡es que no soy tan perfecta como tú! Oh, para, para, para. Los dos nos quedamos de pie mirándonos. —Menudo espectáculo está montando, señora Grey —susurra. —Bueno, me alegro de que incluso embarazada te resulte entretenida. Me mira sin comprender. —Necesito una ducha —murmura. —Y yo ya te he entretenido bastante con mi espectáculo… —Un espectáculo muy bueno… —susurra. Da un paso hacia mí y yo doy otro paso atrás. —No. —Odio que no me dejes tocarte. —Irónico, ¿eh? Él entorna los ojos una vez más. —No hemos resuelto nada, ¿no? —Yo diría que no. Solo que me voy a ir de este dormitorio. Sus ojos sueltan una llamarada y se abren como platos un momento. —Ella no significa nada para mí.